Houdini, Neymar y el Madrid


Cuando arreciaba menos el debate sobre dónde jugaría el Barça en caso de que Cataluña se independizase, va el Madrid y se muda a Europa. No hay peor síntoma de desintegración de un proyecto que olvidarse de sus señas de identidad. Y la primera del equipo blanco siempre radicó en la competitividad. Podría jugar mejor o peor, caer más o menos bien, pero su hambre de triunfos nunca se saciaba. Eso del ganar, ganar y ganar, que se ha asociado al legado de Luis Aragonés, pertenecía desde tiempos inmemoriales al gen primigenio del club blanco, y le ha granjeado cariños y animadversiones por todo el mundo. Pero, por lo visto, eso sucedió hasta ahora. Vale que la Copa nunca le ha enganchado por culpa de ese sambenito de competición menor que este torneo sufre en España, pero este lastimoso caminar liguero no lo justifica ni Di Stéfano, si levantase la cabeza. El empate del sábado contra el Levante deja clara su desconexión y la irrealidad en que vive. Se ha emancipado de la Liga. Su reino no es de este mundo. Si ya se presumía que Florentino, Zidane y Cristiano podían caminar sobre las aguas, ahora se convierten en una suerte de Houdini, maestros del escape de un equipo a veinte puntos de distancia de su eterno adversario, y trasladarlo a la Champions como si nada hubiese sucedido.

El caso es olvidarse de la Liga y fiar todo a ese partido que va tomando poso de final anticipada contra el PSG de los petrodólares, aunque solo será una eliminatoria de octavos de final. Bien visto, la desaparición de la Liga del Madrid podría servir de preámbulo a un videoclip de Neymar. Uno de esos en que canta con raperos o anuncia gafas, qué más da.

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