A paso ligero, un soldado hacia Tokio

Carlos Arévalo, piragüista gallego del equipo nacional, compatibiliza sus entrenamientos con el España con su trabajo en el regimiento de infantería en Asturias

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«Lo comentaba con Perucho. O eres policía o, como yo, militar, o si no es muy difícil seguir en esto». Es la compleja realidad que viven algunos deportistas españoles de élite. Por suerte para Carlos Arévalo López (Betanzos, 1993), él es uno de esos afortunados que podrá centrarse en preparar los Juegos Olímpicos del 2020. A Tokio, con la ayuda del ejército.

Arévalo, que ya se quedó a las puertas de Río y perdió la plaza in extremis contra dos campeones olímpicos ?«estábamos Cristian Toro, Saúl Craviotto y yo luchando por las dos plazas del K2 y quedé yo fuera?, realizó la jura de bandera en agosto del 2017 y acabó la instrucción el 22 de diciembre en Cáceres. El 8 de enero se incorporó al regimiento de infantería Príncipe 3. Entonces también se reincorporó al equipo nacional de piragüismo, con el grupo de Miguel García en Trasona. «La pretemporada me la comí, me la pasé haciendo la instrucción. Pero ahora, que ya estoy en Asturias con el equipo nacional, puedo compatibilizarlo con mi trabajo, en Cabo Noval», explica.

El betanceiro agradece la ayuda del ejército. «Me han dado unas facilidades tremendas y me están ayudando mucho a compaginar el deporte con la vida militar. Yo lo veía como una cosa complicada y me ha sorprendido mucho. Me están dando todo lo que necesito para poder entrenar. Ahora podré ejercitarme mejor, sabiendo que tengo un futuro y un sustento al margen de las becas. Todos los piragüistas estamos metidos en algo de esto. Al final estamos todos un poco así, porque sino sería imposible. Siempre quise ser militar, le eché narices y ahí estoy»., explica

«La vida militar es parecida a la del deportista. Cuando hacía la instrucción sentía las mismas sensaciones internas que cuando estoy concentrado para una gran competición. Son unos valores de esfuerzo, disciplina y compromiso muy parecidos a los del deporte y por eso lo llevo muy bien. Es mi sueño de toda la vida, lo deportivo y lo militar. En el ejército siempre me lo dicen: ‘A los deportistas se os ve de lejos’. Y es porque cuando hacemos algo ponemos todo nuestro empeño. Es como nos educaron. La desidia no va con nosotros», agrega.

Con Tokio, entre ceja y ceja

Arévalo no se esconde su objetivo: «Quiero dar el campanazo en Tokio y por eso ahora solo pienso en prepararme a tope. Mi sueño es ir a unos Juegos y, una vez allí, luchar por ganar», advierte. En el 2018, destacan en el calendario el Campeonato de Europa (del 15 al 17 de junio en Belgrado) y el Mundial (del 21 al 25 de agosto, en Montemor-o-Velho, Portugal), pero será el 2019 el clave para ganar la plaza olímpica. «Debido a la instrucción, no pude acudir a las concentraciones y me quedé un poco desvinculado del proyecto de K4 500. Aunque pretendo retomarlo en cuanto pueda, mi objetivo principal será el K1 200. Es donde me siento más fuerte y más cómodo entrenando. Por esta plaza también podrían luchar Saúl, Carlos Garrote o Toro. Pero todo depende de cómo se forme el K-4 e igual no se puede doblar. Así que ya veremos cómo queda todo finalmente», destaca

«España tiene un nivel altísimo. Tienes que ganarle a un campeón olímpico para clasificarte en una prueba y, si te quedas fuera, te tienes que buscar la vida para subsistir entrenando. Por eso lo está dejando mucha gente. Afortunadamente, yo ya no tengo ese problema», finaliza Arévalo, una de las grandes bazas del piragüismo gallego en la actualidad.

La dedicación exclusiva, una utopía para la élite

Son muy pocos los palistas que se pueden dedicar de forma exclusiva al piragüismo. Incluso los de nivel mundial, porque sus ingresos en muchos casos no les alcanzan para considerarse mileuristas. Clamó contra la situación hace unas semanas el olímpico asturiano Javier Hernanz. Lamentó que «campeones de Europa, del Mundo y diplomas olímpicos» se hayan retirado en las dos últimas temporadas con menos de 24 años.

El piragüismo gallego tampoco es ajeno a esa realidad. El caso más llamativo de una renuncia reciente lo protagoniza Gabriel Pavón, que integró con el también gallego Rubén Millán un exitoso K2 1.000 a nivel internacional. Se retiró hace unos meses para hacer prácticas de cocina en Lasarte en el prestigioso establecimiento de Martín Berasategui.

La Agrupación Deportiva del Cuerpo Nacional de Policía, creada en 1984 por el Consejo Superior de Deportes, ya ha actuado como muleta de campeones olímpicos, como Perucho y Saúl Craviotto. El trabajo como agentes actúa como una red que les garantiza unos ingresos extra además de las becas que consiguen por su condición de deportistas de alto nivel. Similar situación a la de Arévalo ahora. 

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