«¡Mira lo que hemos conseguido!»

Rodrigo Corrales relata el camino que ha seguido la selección para auparse a lo más alto de Europa


Agotado por la tensión, la emoción, y porque la noche fue larga, Rodrigo Corrales (Cangas, 1991) intentaba asimilar ayer entre aviones y autobuses su nueva realidad. El cangués, junto al resto de la selección española de balonmano, y bajo la batuta de Jordi Ribera, es campeón de Europa. «¡Mira lo que hemos conseguido!», proclama emocionado al tiempo que repasa el camino de los Hispanos hacia la gloria.

la preparación

Galicia, «terra meiga»

El sueño del oro continental arrancó en Galicia. «Siempre quedará en el recuerdo que la primera vez que se ganó el Europeo fue con la preparación en Galicia, terra meiga», recuerda Corrales. Vigo y Pontevedra fueron sedes de la última etapa de la puesta a punto y sirvieron de talismán. El portero de Cangas todavía recuerda la comida en Bueu junto a sus amigos Gonzalo Pérez de Vargas y Dani Sarmiento, en la que se conjuraron para ganar el título. «El año que viene, antes del Mundial, tenemos que volver», dice entre risas.

amistad

34 días sin separarse

«Si ya éramos amigos, nos hicimos bastante más. La clave de todo ha sido el gran grupo que se ha formado», asegura Corrales. Durante los últimos 34 días los Hispanos han quemado horas y horas juntos velando por el sueño de un oro inalcanzable para España hasta el domingo pasado. Charlas, series, cartas y hasta un dron les han servido para pasar los ratos más allá del deporte. «La primera fase fue dura porque, más allá de lo deportivo, nos tocó una sede en un sitio perdido de las montañas de Croacia. Ahí nos unimos más como grupo, porque no había nada que hacer». Aun con la derrota ante Dinamarca, el trabajo fue bueno. «Acabamos con la confianza intacta».

la clave

Alemania, punto de inflexión

En la segunda fase del Europeo, España superó sin dificultades a Macedonia pero, inesperadamente, se dio de bruces contra Eslovenia. «No fue por ningún motivo especial, nos tocó perder y punto. Pero creo que nos sirvió de empujón», porque luego llegó el partido que lo marcó todo. «Independientemente de que hayamos acabado haciendo tres grandes partidos, fue el de Alemania el determinante, porque es en el que nos lo jugábamos todo, llegaba 24 horas después de una derrota dura y había presión». Recuerda el portero que «era el momento del campeonato y, una vez superado, la gente volvió a confiar en nosotros».

las medallas

Francia y la final

«Utilizamos la confianza adquirida en el partido contra Alemania para encarar el choque contra Francia y la final. Eso, sumado a que sabíamos que no todo el mundo tenía esa oportunidad, nos permitió afrontar esos dos partidos con cierta tranquilidad. Creo que sobre todo porque confiábamos los unos en los otros», insiste el portero de Cangas. Además, de alguna manera, asegura, los sucesivos reveses a los que tuvieron que hacer frente- lesiones de Ángel Fernández, Pérez de Vargas o las molestias en algún partido de Aguinagalde- les hizo crecerse ante la adversidad. «La final la vivimos con mucha tensión y mucha ilusión. En el primer tiempo nos hicieron daño con su velocidad, metiendo goles fáciles, pero cuando mejoramos en ataque, la defensa mejoró y logramos la victoria».

el hacedor

Ribera y un grupo renovado

«Le gusta mucho el análisis, conoce a la perfección a sus rivales, es meticuloso y a nosotros nos detalla la lectura, lo que puede pasar». Así describe Corrales a Jordi Ribera, el entrenador que ha convertido a la selección española en campeona de Europa. «Jordi siempre nos ha transmitido la confianza y lo especial que es estar en una competición como esta. Lo especial que es generar ilusión a la gente. Antes de semifinales nos abrió los ojos, nos habló de lo que podría ser si hacíamos dos partidos buenos», y el vestuario tomó buena nota. El técnico brilló con una preparación pluscuamperfecta de las contiendas y dando carácter ganador a un combinado que llegaba muy renovado y generando ciertas dudas. «Con los cambios que ha habido probablemente no éramos los favoritos, pero nos fueron saliendo partidos buenos que nos dieron confianza y sabíamos que teníamos una oportunidad histórica para España y para nosotros, esto es algo que nos ha dado credibilidad ante el cambio».

«Este año si no ganábamos no había tarta», dice el cangués de su cumpleaños

 

Faltaban unos segundos para el pitido final y en la banda los jugadores de la selección española ya hacían corro. En sus caras se veía una emoción genuina por conseguir la primera medalla de oro de España en un Europeo. Por hacer historia. «Para mí es un gran orgullo y una ilusión por todo lo que representa, lo que puedes generarle a la gente. Creo que he tenido una oportunidad de hacer historia y nunca lo olvidaré en mi vida», explica Rodrigo Corrales. «¡La medalla pesa, y también sienta bien!», celebra divertido.

Para el portero del París Saint Germain los recuerdos de Croacia se coronan con la medalla, pero también «por cómo ha sido el torneo. Increíble». Es su primer gran éxito con la selección española, y también una forma de quitarse la espina que un año atrás se le había clavado con el Mundial, cuando un solo gol les apeó en cuartos de final. Un día antes, el portero de Cangas había estado de cumpleaños, igual que la semana pasada, justo el día en que los hispanos vencieron a Alemania con el meta en plan estelar. «Me cantaron el cumpleaños feliz y después del partido, tras ganar, nos tomamos la tarta, que sabía espectacular, porque el año pasado lo hicimos al revés, luego perdimos, y te quedas un poco chof. Este año si ganábamos había tarta, si no, no», cuenta entre risas.

Partidos brillantes

En su primer Europeo, Corrales desplegó toda su calidad en partidos como el de Alemania o Francia, en el que fue determinante. Compartió las primeras fases del torneo compaginando la portería con su compañero y amigo Gonzalo Pérez de Vargas, pero tras la lesión del meta blaugrana fue el veterano Arpad Sterbik el que se plantó en Croacia para poner su guinda al éxito hispano. «Es un portero que da seguridad, tiene el respeto de todo el mundo, lleva muchos años jugando a esto y está acostumbrado. Además con él se aprende y te da confianza. Nosotros lo que queremos es ganar, y cuanta más seguridad tengas, más fácil es», dice el cangués de su compañero de fatigas.

Sin mucho tiempo para celebrar el éxito, hoy Corrales y sus compañeros tendrán recepciones oficiales en la capital y mañana deberá estar de regreso en París. Le gustaría acercarse a Cangas a celebrar con la gente la medalla, pero todavía no sabe si podrá. En el corazón, sí los lleva.

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