Mike Webster y familia


A los pies de los gigantes se abonan las sombras. Sucede también en el deporte. En el deporte profesional, donde rechinan las articulaciones y se exprimen los músculos como si fueran parte de una máquina de una cadena de montaje que fabrica la victoria. ¿Y qué pasa por esas cabezas? A veces el miedo, como le ocurría a Víctor Valdés, aterrorizado en cada partido por tener que defender la portería. Y la presión, como el que sentía André Agassi, en cuyas pesadillas infantiles vivía un monstruo real, el Dragón, como le llamaba su padre a una máquina lanzapelotas modificada para que funcionara más rápido que cualquier otra. Hay heridas deportivas difíciles de medir. Pero el caso de Mike Webster fue distinto. Ese jugador de fútbol americano, estrella de los Steelers de Pittsburgh, murió de forma repentina con solo 50 años. Todo indicaba que había fallecido por un ataque al corazón. Pero Bennet Omalu, médico de origen nigeriano, estudió el cuerpo. Encontró unas extrañas manchas en el cerebro y concluyó que el Webster había sido víctima de una enfermedad degenerativa, traumatismo craneoencefálico crónico, generada por la disciplina que practicaba. Hizo que se tambaleara la NFL. Pero también se convirtió en una especie de asesino de sueños. Los astros del fútbol americano viven, de media, unos veinte años menos que sus compatriotas estadounidenses. La historia es conocida. Incluso llegó a los cines con el largometraje La verdad duele, con Will Smith interpretando al doctor Omalu. Pero el periódico The New York Times revela ahora que, en realidad, la película no ha terminado. La familia de Webster siente que es la gran olvidada en la partida de miles de millones destinada a compensar a los que, ya retirados, sufren las secuelas de los golpes recibidos en el terreno de juego. Abrieron la caja de Pandora, pero no encontraron nada para ellos dentro. Webster se retiró a principios de los noventa, justo antes de los cambios normativos que hicieron que se dispararan los sueldos en la liga. Después empezaron a llegar las facturas médicas. Sus ahorros no dieron para mucho. Su viuda y sus cuatro hijos tuvieron que buscarse la vida. Ella acabó siendo acogida por familiares y amigos. De nada le sirve la gloria de Iron Mike.

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