Villar, Méndez de Vigo y Maquiavelo


A poco que las casas de apuestas estén listas, incluirán un apartado para que el personal se juegue un dinero en cada nuevo conflicto de la federación. Así, podría pagarse a mil euros por cada uno apostado que la FIFA deje a España fuera del Mundial; a 500 que Villar vuelve a ser presidente de la RFEF; a 200 a que Méndez de Vigo acierte a enterarse de lo que está pasando; a 100 que se celebre la moción de censura pedida por Rubiales; a 80 que Larrea aguante hasta el final de este mandato; a 50 que se repitan las elecciones; a 25 que el proceso de la operación Soule durará más de cinco años; a 20 que Villar se querelllará contra Lete y Cristina Pedrosa; a 10 que el TAD no destituirá a Villar por su falta neutralidad en la comisión gestora; a 5 que la Dirección General de Seguros mantiene la intervención de la Mutualidad; y a dos que aparecerán nuevos líos que ahora mismo ni nos imaginamos.

El guirigay es tan grande que el espectáculo ya se ha internacionalizado y está dando la vuelta al mundo, para vergüenza de todos los actores de esta historia a medio camino entre el drama y la charlotada.

Nadie medianamente serio puede creerse que España será apartada del Mundial de Rusia, pero no deja de ser paradójico lo de la carta de la federación internacional. A Villar tardaron dos telediarios en dimitirle tanto en la UEFA como en la FIFA por su detención e imputación en la operación Soule. Y no pasó nada. Pero si el Gobierno le destituye por lo mismo, estamos ante una intolerable injerencia política en el fútbol. Una broma.

Ahora habrá que ver cómo responde el Gobierno. De momento, Rajoy lo ha hecho con sabiduría, tomándoselo a cachondeo. Pero Méndez de Vigo ya es otra cosa. Desde el momento que decidió que había que llevarse bien con Villar, inició un viaje hacia el esperpento en el que ha arrastrado a Lete y en el que siempre han ido llegando tarde a todas las citas y nunca lograron liderar la situación. Quiso contemporizar con un pirata de los mares del fútbol y se encontró con que le abordaron el Ministerio.

Méndez de Vigo, político de cuna, debería haber leído a Maquiavelo: «El que tolera el desorden para evitar la guerra, tiene primero el desorden y después la guerra».

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