Es imprescindible una lista más clara


La noticia del resultado analítico adverso por salbutamol del cuatro veces ganador del Tour de Francia Chris Froome está y seguirá ocupando la actualidad de las noticias de ciclismo hasta que haya una resolución definitiva, una resolución que, en todo caso, tendrá siempre consecuencias negativas.

El salbutamol está incluido dentro de la lista de sustancias y métodos prohibidos en el deporte que anualmente aprueba la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) dentro del grupo de los beta2-agonistas, un grupo farmacológico cuyo principal uso terapéutico es el tratamiento de enfermedades respiratorias como el asma.

Sin embargo, la presencia del salbutamol no implica una infracción antidopaje. El salbutamol está prohibido excepto si es inhalado, con una cantidad máxima de 1600 microgramos en 24 horas, sin superar los 800 microgramos cada 12 horas, presumiéndose que la presencia en orina de una concentración de salbutamol superior a 1000 nanogramos por mililitro no corresponde a un uso terapéutico, a menos que el deportista demuestre mediante un estudio farmacocinético controlado lo contrario.

Y esta es la línea de defensa de Chris Froome y de su equipo: padezco asma desde niño; en la Vuelta sufrí un ataque agudo de asma; únicamente seguí las indicaciones del médico: y ha sido la interacción con otros factores los que han elevado la concentración de salbutamol. Una defensa enmarcada además en un pelotón con un alto índice de asmáticos.

Un procedimiento demasiado complejo para ser entendido por el aficionado, pero que, sin embargo, tendrá consecuencias negativas. Si las explicaciones del equipo Sky son aceptadas y, por tanto, no hay consecuencias disciplinarias, probablemente la duda permanecerá en el aficionado que sigue el deporte alejado de tecnicismos y dudará del ciclista, del equipo y hasta de las organizaciones antidopaje de las que pensará que le protegen por ser quien es. Si hay sanción porque no se acepten las explicaciones del Sky, más de lo mismo: otra figura del ciclismo manchada por el dopaje.

Tenemos un sistema antidopaje construido sobre la base de una lista de sustancias y métodos prohibidos en el deporte formada por sustancias farmacológicas a las que ningún ciudadano tiene acceso libremente, bien porque no se encuentran presentes en medicamentos legales y tendrían que ser adquiridas en el mercado negro, bien porque es necesaria una receta en el marco de un tratamiento médico y solo se pueden adquirir en oficinas de farmacia.

Si esto es así, ¿por qué construir una lista incluyendo sustancias cuya detección no implica necesariamente un uso ilícito, tienen un efecto limitado en el rendimiento, incrementan el trabajo burocrático de las organizaciones y que parecen tener como consecuencia el sembrar la duda y la sospecha sobre el deportista y sobre la eficacia sobre el propio sistema antidopaje? Cuando se circula por una autovía a más de 120 km/h cualquier ciudadano sabe que está cometiendo una infracción. En antidopaje, depende.

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