El United se condena

Dos graves errores defensivos de los de Mourinho a balón parado regalan la victoria a un City eficaz que estira hasta los once puntos su ventaja


El City camina solo. Hasta este domingo lo seguía el vecino, a una distancia prudencial; pero el United decidió bajarse por su cuenta del camino hacia el título de Premier. Lo hizo además sin exigir siquiera una buena versión del conjunto de Guardiola, rácano hasta el extremo de pasar medio duelo aculado en torno a tres centrales. No le hicieron falta delanteros al líder para ampliar a once puntos su ventaja al frente de la tabla, ni para convertirse en el primero en sumar catorce victorias seguidas en toda la historia de la competición.

Fueron los de casa quienes regalaron los tantos de la victoria en una suerte en la que se dicen especialistas. Un par de graves errores en la defensa de acciones a balón parado pusieron por dos veces en ventaja a la visita. Primero fue Silva quien remató a un palmo de la línea de gol un balón que quedó muerto tras un saque de esquina. No había nadie en las proximidades del futbolista español, destacado entre la mediocridad de la cita. Empató el United al borde del descanso en un gravísimo error de Delph, cuya actuación refrendó la necesidad que tiene el City de seguir invirtiendo en laterales (casi 150 millones costaron este verano Mendy, Walker y Danilo). El 1-2 definitivo llegó en una falta lateral, fatal despejada por Lukaku, que Otamendi volvió a cazar a escasa distancia de De Gea.

El central marcó en el 54, y cinco minutos después su técnico premió el acierto enviándole compañía desde el banquillo. Guardiola retiró a Gabriel Jesús, intrascendente, y metió a Mangala para poblar su zaga. Un cambio que no había motivado la voracidad del adversario, porque los diablos rojos asumieron enseguida el papel de equipo menor en el duelo.

El balón, del City

El balón perteneció al City la mayor parte del tiempo, pero la posesión no cuajó tampoco en acciones de mérito. El partido entre los dos primeros de la Premier fue soso, lleno de imprecisiones y carente de más emoción que la de un marcador apretado. Estuvo fallón De Bruyne y lo pagó su equipo y el juego. Tampoco dijeron nada Sané y Sterling. En los de Mou quiso mandar Herrera, pero le faltó escolta. Y así, a trompicones, se fue consumiendo la hora y media, con De Gea y Ederson como espectadores, más allá de un par de manos circunstanciales del meta local, y una parada con la cara del visitante en un remate a bocajarro de Lukaku.

Fue la última acción del encuentro y ahí se escapó la oportunidad de Mourinho de evitar su segunda derrota en casa desde que ejerce en Old Trafford. La anterior fue también cosa del City de Guardiola, que desde ayer camina solo.

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