Los debates del Mundial


El sorteo del viernes descorchó esa botella de champán donde, almibaradas y burbujeantes, se guardan las grandes preguntas del fútbol, la quintaesencia de todas las tertulias de barra que arrancarán cuando el balón ruede en el Mundial de Rusia. Ahí van las dos primeras: ¿cuántas fiestas se podrán correr los futbolistas durante su período de concentración? Y, no menos importante que esta, ¿cuántas veces por semana podrán hacer el amor? El asunto ya comenzó a copar titulares en Brasil, donde se sabe que el fútbol va más allá de los 120 por 90 metros y se convierte en toda una religión. Qué digo, en el aire mismo que se respira. «¿Quieres tener novia? Ve. ¿Quieres salir a encontrar a tu familia? Ve. ¿Quieres hacer un asado y beber con amigos? Ve». Así respondió Tite, el seleccionador de la pentacampeona, cuando se le preguntó sobre las normas que impondrá en la concentración de la Canarinha a esa plantilla en la que Neymar y compañía amenazan con llevarse a los entrenamientos sus conflictos de barrio. «No soy paternalista. Cada uno debe asumir parte de responsabilidad sobre sus actos. La represión y la coacción no son parte del trabajo del entrenador».

Ojo a esta última frase, porque hay miga. ¿Tiene sentido que en cualquier otro deporte el técnico de un campeón se despreocupe de las juergas que este se corre antes de una gran competición? No. Nunca. Solo en el fútbol, donde al jugador se le considera un semidiós (este sí que lo es de verdad y no Thor y su martillo), una suerte de hijo del balón, único conocedor de sus arcanos, tocado por la varita mágica del talento a toda costa, tienen sentido cuestiones sobre cómo ejerce su libertad individual el deportista de élite. Solo el fútbol pone tan de manifiesto que los extremos se tocan y, al mismo tiempo que Tite parece desentenderse de su preparación, le puede estar dando a la Canarinha y, de paso, a los ídolos de cientos de aficionados por todo el mundo el empujón que necesitaban hacia el próximo título. O no.

Porque, si se conocen cuáles serán los debates anteriores a la Copa del Mundo, también sabemos de qué hablaremos luego. Como ninguno de los entrenadores del mundo ignoran, el fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, que saben jugar los brasileños y en el que siempre ganan los alemanes. Con permiso de Putin, esta vez.

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