Medio siglo del hito del hockey sala

Hace cincuenta años, el Santa Lucía femenino logró el primero de sus cuatro Nacionales. Nadie pudo repetir esa gesta


Parecía sencillo cuando lograron el tercero en 1969. Incluso después vendría un cuarto en 1991. Pero no fue nada fácil para aquellas mujeres deportistas dispuestas a romper tabúes por un sueño. Tanto, que nunca nadie pudo volver a conseguir lo que estas pioneras protagonizaron desde el momento en el que dieron su primer gran stickazo, el 2 de julio de 1967. Solo unos privilegiados en las gradas de la polideportiva de Riazor disfrutaron de aquel momento, pero el mundo entero se quedó asombrado.

Tal era el nivel del CD Santa Lucía coruñés, primer (y único) campeón de España de hockey sala procedente de Galicia. «Resultó un extraordinario campeón», titulaba abriendo página La Voz de Galicia. No era para menos. Habían goleado al San Jaime gaditano y al Águilas leonés en dos ocasiones durante la fase final. Y habían empatado contra el todopoderoso Terrassa.

«Tenía su mérito entonces. Ahora es jauja. No disponíamos del inmenso apoyo que tenían otros clubes como el Polo de Barcelona o el Club de Campo de Madrid. Jugar contra las catalanas era una odisea. Les ganábamos a todas, salvo a ellas. Pero nuestro entrenador, Daniel Iglesias nos dijo que no nos podían comer, y menos en nuestro territorio», recuerda la entonces capitana, Lidia Vilaboy.

Integración femenina

Del mérito que tuvo aquel episodio dan cuenta las palabras de Lidia. «No era fácil, ni mucho menos, ser mujeres y deportistas. Ya entonces sabíamos que nuestra situación era penosa, incluso después de haber logrado el campeonato y a pesar de tener internacionales como Nela, Marita o Elena», relata. Lo corrobora Daris Fraga: «Nos lo teníamos que currar. Organizábamos bailes para recaudar para sticks y ropa. Nuestros padres nos ayudaban con los viajes».

Casi todas las componentes del Santa Lucía provenían de otro de los equipos míticos de A Coruña, el Saeta. El Palacio de los Deportes todavía no existía y las polideportivas eran descubiertas. Daris recuerda la deferencia del Deportivo, no solo cediéndoles el campo para entrenar, sino también los vestuarios y ropa para cambiarse cuando diluviaba. «A veces, entrenábamos en San Pedro, pero ahí no había ni para ducharse. Y cuando nos hacíamos daño en una jugada, nos decían: ‘Corre, que se te pasa’», detalla Daris.

Y vaya si corrían. Daris provenía de una familia de deportistas y muchas de las integrantes del Santa Lucía tenían experiencia en otras disciplinas. Pero lo que pasó aquel primer fin de semana de julio de 1967 no tenía parangón. «Estábamos todas nerviosísimas. Era algo inaudito. ¡Un Campeonato de España en nuestra casa!», resume la ex jugadora coruñesa.

Riazor vibró con ellas y ellas disfrutaron del cariño de un público que hasta entonces se reducía a allegados y familiares. ¿Y la celebración, tras tremendo hito? «Fue muy inocente. Una merienda», dice Lidia. «No daba para mucho. Nos fuimos para casa tan a gusto», zanja Daris.

Un homenaje emotivo con la presencia de clubes de toda Galicia

El Santa Lucía completó su palmarés con otro Nacional logrado en Vigo en 1968. Ayer recibió el cariño de clubes como el Escola María Barbeito HC, el Athletic Coruña, la AD Cristo Rey, Atlántico de Vigo, Albor Ourense y Ourense. La emotividad vivida en la polideportiva de Riazor fue el hilo conductor de todos los encuentros de base disputados ayer.

Uno de los asistentes al acto de Riazor que también fue testigo hace cincuenta años de uno de los momentos más brillantes del deporte gallego es Vicente Iglesias, que entonces tenía veinte años de edad, era árbitro y jugador de hockey sobre patines y terminó siendo presidente de la federación gallega norte, de la que dependía el Santa Lucía. «En aquel momento no éramos conscientes de todo aquello. Solo el paso del tiempo nos lo puso en contexto», analiza.

Julio López era el presidente de la Federación Gallega de Boxeo y de aquel Santa Lucía polideportivo, que albergaba disciplinas como pugilismo, balonmano y baloncesto, además de las mencionadas. «Era un club con mucha personalidad», recuerda Iglesias, que aprovechó sus tardes libres en el trabajo para disfrutar del auténtico espíritu de una cita competitiva con todos los valores del deporte aficionado.

Nada ha cambiado a pesar del medio siglo que ha pasado entre los dos encuentros de la polideportiva de Riazor. Salvo que ahora la cancha es cubierta y las deportistas no se mojan.

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