Luisito ya no es el «míster» granate

El entrenador que sacó al Pontevedra de Tercera y lo llevó al play off de Segunda B anuncia su dimisión, que debatió anoche el consejo de administración


Siete derrotas y, sobre todo, la inseguridad, llevaron ayer a mediodía, nada más terminar el partido contra el Talavera de la Reina, al entrenador más carismático de Segunda B, el del Pontevedra, a anunciar su dimisión. Luisito aseguró en rueda de prensa que era una decisión muy meditada, pero lo cierto es que el míster teense tiene tantas cualidades como sangre en las venas. Y nervios. Los constantes rumores que lo persiguen desde la tercera jornada de liga -es decir, el tercer partido perdido- acabaron con su paciencia.

Ante lo inesperado del aviso, la directiva del club convocó una reunión extraordinaria de urgencia en su sede para anoche a las 22 horas, tan pronto llegaran de la ciudad manchega algunos responsables del consejo de administración que se habían desplazado allí para ver el encuentro.

El estrés al que lleva sometido desde hace varias semanas Luisito -se levanta a las 6 de la mañana para incorporarse a su puesto de trabajo como funcionario en Teo y los cuidados a su madre, además de los entrenamientos diarios y los partidos semanales del club granate- acabó explotando en un anuncio cuyo contenido no conocía exactamente ni él mismo hasta unos minutos antes. «Se lo he comunicado a la presidenta (Lupe Murillo) y a los jugadores, y acabo de presentar la dimisión como entrenador del Pontevedra. Lo único que quiero es salvar a la presidenta, que no tiene culpa de nada, y al director deportivo (Roberto Feáns), que tampoco tiene culpa de nada. El único que tiene la culpa de esta situación soy yo», dijo. «No quiero ser un obstáculo y tengo toda la culpa de lo sucedido hasta ahora. El culpable de las derrotas soy yo y no voy a esconderme», añadió.

Pero ni Murillo, ni Feáns, ni el resto de la directiva o del cuerpo técnico querían que se marchara. Tampoco los jugadores, que pasaron gran parte del viaje de vuelta -que duró unas diez horas- intentando convencerle de que reconsiderase su decisión.

Calma antes de la tempestad

La máxima responsable del club ya había salido anteriormente, cuando las circunstancias hacían necesaria una valoración pública, a confirmar que seguía teniendo toda la confianza puesta en el míster teense, e invitó a los más críticos a dejar de cuestionar una plantilla que ya estaba hecha y que no iba a deshacer recién iniciada la temporada. «Las críticas destructivas me molestan, las constructivas las escuchamos absolutamente todas. Pero a esta alturas no vamos a cambiar la plantilla y lo mejor es que apoyemos al equipo en lugar de destruirlo», zanjó entonces Murillo.

Pero la racha del cuadro granate no mejoró demasiado. Tras un leve espejismo de tres victorias consecutivas que devolvieron la ilusión a la afición granate, los partidos ajustados y cinco puntos perdidos en tiempo de descuento -que le arrebataron dos victorias y un empate- volvieron a agitar las aguas.

Luisito, molesto por las críticas vertidas por medios de comunicación y aficionados, y sintiéndose cuestionado, se negó a volver a hablar con la prensa. Sentía que quienes recelaban de él habían aprovechado sus momentos deportivos más delicados para hacer sangre. Pero para sangre, la que lleva recorriendo las venas de Luisito desde sus tiempos de jugador profesional y, sobre todo, las que alimentan ese nervio que ha rescató al Pontevedra del «infierno de Tercera» para en solo un año llevarlo a rozar los puestos de ascenso de Segunda B y, en dos, a jugar el play off. Demasiadas expectativas.

Luisito en veintitrés supersticiones

carmen garcía de burgos

No se pierda detalle: la ropa, la carpeta, la botella. Todo lo que rodea a Luisito está ahí por alguna razón

Tiene las manías clasificadas por colores, días y lugares. No es fácil apreciarlas, pero si se fijan un poco se darán cuenta de que el entrenador más carismático de toda la Segunda B, Luis Míguez, Luisito, cumple cada día infinidad de pequeños rituales para que la mala suerte no se cebe con él o, lo que es peor, con su equipo. El Pontevedra CF le debe tanto a la superstición como a la táctica del teense más querido del fútbol gallego.

No se toca

El pelo. Algunas de sus manías son ya conocidas, como el hecho de que no soporta que le toquen el pelo -no, su mujer tampoco- o que odia el amarillo, que ha tenido que ser suprimido de los petos que lucen en los entrenamientos los jugadores. Pueden ser blancos, naranjas, verdes, azules o de cualquier otra tonalidad, pero nunca amarillo. Si es el árbitro el que lleva una camiseta del color de la mala suerte a Luisito ya le estropea el encuentro. Se lo permite a sus jugadores, que pueden llevar las botas del color con el que más cómodo se sientan, pero gracia no le hace.

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