Asensio bien vale un partido

Ignacio Tylko COLPISA

DEPORTES

Rodrigo Jiménez | EFE

Otro disparo enorme del balear dio calma a un Real Madrid que fue de menos a más ante Las Palmas en caída libre (3-0)

05 nov 2017 . Actualizado a las 22:45 h.

Hay victorias que se dan casi por descontadas, como la del Real Madrid ante una UD Las Palmas en caída libre, pero jugadores que nunca dejan de sorprender. El golazo de Marco Asensio, el segundo del partido, el que permitió a los blancos jugar con más confianza y seguridad en sí mismos, vale el precio de varias entradas. Cuando los grancanarios todavía soñaban con poder neutralizar el tanto anotado por Casemiro al borde del descanso y reclamaban un penalti de Casemiro a Vitolo, el balear abrochó la victoria local con un zurdazo colosal desde unos 10 metros fuera del área. Le vino el balón rechazado por el portero tras una falta lateral, y lanzó un obús por la escuadra.

Lo celebró a lo grande el balear, que aportó clase y más vigor que Luka Modric aunque ha experimentado el típico bajón temporal del joven que explotó pronto y recibió unos halagos quizá desmesurados. Y es que en el Real Madrid, como en el Barça, todo se exagera hasta límites insospechados. Es imposible mantener el mismo nivel de fuera de serie jornada tras jornada. Aunque los grancanarios se encuentran en descenso y acumulan nada menos que siete derrotas consecutivas, cinco de ellas con Pako Ayestarán, Zidane evitó adoptar decisiones que sus jugadores pudieran interpretar como un exceso de confianza y mantuvo el 4-4-2 habitual sin la «BBC» al completo. Pese a las dos derrotas recientes ante Girona y Tottenham, nada de hacer una revolución en el once ni de reservar a Casemiro y a Nacho, a una amarilla de perderse el primer derbi en el Wanda Metropolitano. Obligado por las lesiones y la ausencia en la lista del marroquí Acharf, sólo recurrió en defensa a Vallejo y prescindió en el centro del campo de Modric. Se encuentra el croata en un pésimo momento de forma y, además, le espera una dramática eliminatoria de respesca mundialista ante Grecia. En los canarios, huérfanos de juego entre líneas y del último pase mágico sin Jonathan Viera, Ayestarán jugó a perdedor y ya presenta un récord negativo en España con 12 derrotas consecutivas contando las del Valencia. Anticipó que la clave para soñar con el éxito era cerrar filas, juntar líneas, no cometer pérdidas de balón para evitar contragolpes y tocar con calma para dormir en lo posible el partido. Se trataba de jugar con la ansiedad de los madridistas si los minutos pasaban y el empate a nada se mantenía. Lo consiguió en parte durante 42 minutos, hasta que Casemiro descerrajó a los canarios con un certero cabezazo Su dibujó, con cinco defensas y Vitolo de segundo delantero, ya evidenció sus temores. Nada que ver con ese equipo alegre y desenfadado que dirigía Quique Setién y que el curso pasado estuvo 1-3 a falta de cinco minutos y terminó empatando.

GABRIEL BOUYS | AFP

Pese a la urgente necesidad de ganar, disipar dudas y revertir la situación, tampoco salió el Real Madrid a toda mecha. No fue la indolencia de Girona ni el caos de Wembley, entre otras cosas porque Las Palmas no es el Tottenhamn, pero tampoco fue una actitud propia de un equipo que se juega seguir enganchado a la Liga. Quizá es agarrotamiento y tensión, pero se esperaba una puesta en escena más decidida. Pese los golpetazos en este inicio de Liga, el campeón de Europa sigue convencido de que ganará casi siempre en el Bernabéu con la ley del mínimo esfuerzo. Le faltan aún a este Madrid dinamismo, fluidez, rapidez, profundidad y, sobre todo, más movimiento de sus jugadores sin balón. Sobre todo en el primer tiempo, demasiado estáticos Cristiano y Benzema, abucheado por la afición ya tras su primer error, bastante grave por otro lado para un ariete. Recién iniciado el choque, recibió un buen pase de Cristiano, se plantó delante del portero y se le hizo de noche. Tiró sin ninguna fe y desvió Raúl. Cerca del descanso, el galo se llevó otra pitada por no tocar ni siquiera el balón al intentar rematar de cabeza.