Yoan Balázquez; de pitcher en el corazón turístico de Cuba a gran anotador de la Asobal

Yoan Balázquez se ha convertido en solo siete partidos en el máximo goleador de la primera categoría española


Es el máximo anotador de la primera categoría del balonmano español, la Liga Asobal, pero sus padres nunca le han visto meter un gol en España. Ni en Portugal, donde militó las dos temporadas anteriores. Yoan Balázquez Blanco es uno de los pocos jugadores que, pese a llevar tres años en Europa, no ha recibido todavía ni una sola visita de nadie de su familia más directa. Están todos bien, sanos y salvos, pero salir de su país natal, Cuba, no es tan sencillo para un nativo. Ellos, por el momento, no han podido.

Yoan sí que viajó el pasado diciembre, cuando jugaba en la máxima división de este deporte en territorio luso, en el Ismai, y tiene previsto volver a hacerlo el que se aproxima. Es la única manera de volver a sentir el contacto físico con los suyos. Dice que es lo que más echa de menos de Matanza, la provincia más turística de la isla bonita -junto con la propia La Habana-. En el epicentro de su motor económico, Varadero, trabaja su padre de cocinero.

Pero eso es ahora. Juan José Balázquez fue jugador semiprofesional de béisbol, el deporte nacional de Cuba. Aunque no llegó a vivir solo de ello, sí cobraba por jugar y llegó a tener un cierto nombre en su zona. Por eso metió a su único hijo varón, Yoan, cuando apenas tenía 7 años en un club. Estuvo en él otros cuatro.

Fue su propio padre quien lo sacó cuando cumplió los 11 para introducirlo en otro deporte, el balonmano. Aunque no es tan conocido ni tiene tanta afición en Cuba, también existe una liga. Dura dos meses, de octubre a diciembre. «Después solo hay selección nacional», explica el joven, que con 21 años y solo siete partidos jugados con el Condes de Albarei Teucro se ha convertido en el máximo anotador de Asobal gracias los 57 balones que ha metido en la red contraria.

Balonmano «a la antigua»

«El cubano es un balonmano más a la antigua, muy diferente del de aquí. Este es mucho más táctico y tiene muchos más juegos. El de allí es de pocas jugadas, de agarrar el balón, tres pasos y tirar a portería. Allí se trata de resolver rápido», reconoce. Por eso, lo que más le cuesta del deporte europeo es «acostumbrarse al equipo en el que estás, porque cada uno tiene un sistema», añade. Entonces no sospechaba todavía que su futuro lo fuera a situar a la cabeza de una lista con los nombres de los mejores jugadores de España. Solo pensaba en llegar a la selección. Más por una cuestión de superación que por una auténtica pasión. Eso allegó después. Mucho después de que a los 15 años fuera convocado por el equipo nacional cubano. Y mucho después de que comenzara sus estudios para ser profesor de educación física, que terminó cuando cumplió la mayoría de edad.

Fue, en realidad, cuando empezó a darse cuenta de que era bueno en esto. Bueno de verdad. «A veces la gente desde fuera ve más de lo que se ve desde dentro, y la gente me decía que iba a llegar lejos. Fue entonces cuando empecé a disfrutar el balonmano», confiesa. Porque se trata de divertirse, al menos, para él. Cree que es la única manera de ser bueno en un deporte.

Es cierto, admite, que durante el juego hay que estar muy concentrado en cada movimiento, en la siguiente acción, para no equivocarse. Pero, aunque lo haga, no importa. «Me divierto en todos los partidos al ver que uno hace una jugada buena, y que las personas te animan y te ayudan», dice, y, cuando se le pregunta cómo se convierte uno en uno de los mejores jugadores de un país entero, ríe y responde: «Creo que es porque se me daba bien correr, brincar y divertirme». Por cierto, en sus ratos libres le gusta dormir, reconoce, y vuelve a reír. Después añade: «Y estar en casa, tranquilo, y salir a caminar y estar con la novia».

Solo hay una cosa, dice, que no le gusta de Galicia: la lluvia. Por el resto, confiesa que no se imaginaba ni convertirse en máximo anotador de la categoría, ni sentirse tan a gusto en Pontevedra. Puntualiza que lo mejor de la ciudad del Lérez es su equipo. El ambiente en el vestuario del Teucro es inmejorable y, aunque es imposible no tener más afinidad con algunos compañeros que con otros, todos le ayudan y le apoyan. Puede que por eso lo que más eche de menos de su país sea a su otra familia.

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