Joan Mir, un piloto diferente a los demás

BORJA GONZÁLEZ COLPISA

DEPORTES

PETER PARKS | AFP

Rompe el modelo de los últimos dominadores españoles con una carrera tardía y alejada de los focos

23 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Tras su gran victoria en el Gran Premio de Australia y proclamarse campeón del mundo de moto3, Joan Mir (Palma de Mallorca, 1997) no cumple los cánones de la última hornada de dominadores españoles. No es un Marc Márquez, un Dani Pedrosa o un Jorge Lorenzo, brillantes casi desde que llevaban pañales, protagonistas de carreras regidas con mano firme por mentores como Alberto Puig, Emilio Alzamora o Dani Amatriain, con los pasos muy marcados, un buen apoyo de marcas oficiales o patrocinadores, y cuya llegada al mundial ya estuvo rodeada de grandes expectativas. El de Mir ha sido un camino distinto, con unos inicios tardíos y un recorrido en el que se ha visto obligado a pegar un par de golpes sobre la mesa.

Tras un paso sin brillo por la academia del gallego Chicho Lorenzo, padre del pentacampeón mallorquín, se inició de manera tardía en la competición, a los diez años. En el 2013 entró por fin en la Red Bull Rookies Cup, una competición de promoción de moto3 de KTM que disputa sus pruebas en paralelo a la mayoría de los grandes premios del Mundial. En el primer año finalizó noveno, pero en el segundo fue subcampeón. Mir recaló entonces en el Campeonato de España, que suele ser el último peldaño previo a entrar en la máxima competición, para defender los colores del Leopard Racing, la escudería con la que ha acabado siendo campeón y que ya se había llevado al título en el 2015 a Danny Kent. El español dio entonces dos golpes en la mesa.

En la prueba de Le Mans protagonizó una espectacular remontada: salió 27.º y se colocó primero después de ocho vueltas, aunque su exceso de ganas le llevó al suelo y terminó llorando en el box. Fue toda una exhibición en una moto poco competitiva.