El señor Nadal y el niñato Kyrgios

El español tira de fiabilidad para anular a un crac talentoso pero inestable

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Cuando Rafa Nadal logró su primer título en Pekín, en el 2005, Nick Kyrgios todavía era un niño, de 10 años, que hacía un poco de todo. Cuando el español mordió en los Juegos del 2008 el oro olímpico, otra vez en China, el jugador australiano era un adolescente que se salía al baloncesto y al tenis. Y ayer, cuando el tipo más espartano de la historia del tenis ganó su título número 75, le estrechó la mano a un rival que, ya con los 22 cumplidos, continúa siendo un niñato. Por eso apenas tuvo historia la final, que ganó el de siempre por 6-2 y 6-1. Porque mientras que para uno cualquier detalle es susceptible de ser utilizado como estímulo, para el otro toda anécdota se acaba convirtiendo en un motivo para despeñarse en una espiral de gestos, reproches, golpes a su raqueta y muecas que lo convierten en una caricatura. Muy mediática, pero una caricatura al fin y al cabo.

Kyrgios había ganado a Nadal la última vez que se habían cruzado, en agosto en Cincinnati. Porque en realidad tiene talento para poder con cualquiera. Pero ayer no había terminado el primer juego cuando eligió el primer motivo para descentrarse, una corrección del ojo de halcón a una decisión de un juez de línea que le perjudicaba, con bola de break para empezar el partido por delante. Desde entonces y hasta el final, Nadal tiró de potencia con fiabilidad, disciplina, destellos de clase e inteligencia. Por eso ahora, con 31 años, tiene ya 75 títulos, los dos últimos en pista dura, el antiguo territorio prohibido, a solo dos de los 77 de John McEnroe en su carrera.

Hasta que una molestia lo importune, Nadal luce hecho un chaval. Por eso lleva seis títulos en un año en el que ya ha jugado 70 partidos (61 victorias y nueve derrotas), todavía con cuatro torneos por delante. Fresco como nunca en una llamativa recuperación tras años marcados por las lesiones, que le merman casi desde la adolescencia.

Nadal tiene encarrilada otra conquista: terminar el año como número uno mundial, como ya hizo en el 2008, 2010 y el 2013. El ránking que ilustra su ventaja para acabar en lo alto el 2017 es la Race, en la que tiene 9.365 puntos, por los 7.505 de Federer y los 4.220 de Alexander Zverev. El español jugará esta semana en Shanghái (1.000 puntos para el campeón), y luego competirá en Basilea (500), París-Bercy (1.000) y el Torneo de Maestros (1.600). Otro éxito en la mano.

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