Entre el Angliru y la Liga


Pocas cosas hay en el ciclismo como el aleteo de un escalador. Los dueños de la contrarreloj parecen robots perfectamente engrasados, con su cadencia constante, con su posición medida para vencer la resistencia aerodinámica. Los reyes de la montaña, en cambio, hacen bailar la bicicleta como si fuera un instrumento de cuerda, llevan la firma en su pedalada, aprietan y aflojan en un suspiro.

Pocas montañas rusas hay en las grandes rondas como los ascensos y descensos de la Cobertoria y el Cordal y la subida al Angliru. Caminos perfectos hacia la gloria o el hundimiento. Depende de las piernas, la cabeza y el corazón, pero también de cuestiones tan caprichosas como la lluvia o si la boñiga con la que se cruza el corredor es de vaca o de caballo (esto último es cuestión de consistencia y no conviene entrar en muchos detalles).

El último plato fuerte de la Vuelta a España se sirvió con todos esos ingredientes. La montaña rusa, la lluvia y el último aleteo de Alberto Contador. Son de esas etapas que paralizan Asturias, uno de esos lugares del mundo en los que no hay puerto que no tenga una bicicleta pegada a su asfalto. Pero esta vez fue diferente. El día no daba para todo. Porque el Angliru compartía tarde con el Sporting-Oviedo. Hacía catorce años que no se jugaba un derbi asturiano. Pero la Liga tuvo la santa idea de hacerlo coincidir con la jornada ciclista más esperada del año en el Principado. Un detallazo por su parte. Otro más del calendario futbolístico, que se confecciona (y confeccionar quizás sea un verbo demasiado sofisticado en este caso) pasando por encima del aficionado. No vaya a ser que los socios puedan organizarse la vida con antelación, faltaría más. Parece que estén ellos al servicio de la Liga y no al revés. ¿Te gusta el fútbol? Pues a callar. Estas cosas también suceden en la Copa del Rey. En la pasada edición se fijó el Real Sociedad-Barcelona a las nueve y cuarto de la noche la víspera de San Sebastián.

El sábado, muchos cambiaban a regañadientes el canal de televisión para pasar de la bici al balón, lamentando no haber estado en la Cueña les Cabres, como otros años. Ligas millonarias para pobres aficionados.

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