España, con 9 y con «falso 9»

Lopetegui apostó por Silva, Asensio, Isco e incluso Koke para ocupar esa posición dependiendo de la situación del juego


COLPISA

La presencia de David Villa en la convocatoria de España, tres años después, parecía advertir un cambio de 9 en la selección. Con la ausencia de Diego Costa y el paso al frente que debe dar Alvaro Morata con la selección, parecía el turno del delantero asturiano. El paso de los días fue dando opciones a la idea de jugar con «falso 9», como en aquella final de la Eurocopa del 2012 ante, precisamente, Italia.

Faltaba saber quién haría de Cesc, como en aquella noche en el Estadio Olímpico de Kiev en el que España bailó a los italianos (4-0). En medio de la «fiebre Asensio» y la tentación populista de agradar al Santiago Bernabéu, Lopetegui otorgó la responsabilidad de esa posición a David Silva, un seguro de vida y el jugador que mejor se adapta a esa posición. Los números justificaban cualquier duda ante esa decisión, ya que el canario del Manchester City es el máximo goleador en la era Lopetegui, con ocho goles (y cinco asistencias de gol) en once partidos. El seleccionador plantó un equipo en el césped del Bernabéu con la intención de rescatar la vocación hispana de debilitar al rival con toque, transiciones rápidas siempre que se pueda y paciencia para no perder el balón. Todo ello aprovechándose de la superioridad técnica de una línea medular en la que había tantos hombres como calidad.

Salvo Busquets, que ejerció de perfecto escudero y hombre escoba, e Iniesta, el resto de jugadores tenía libertad absoluta para moverse en esa zona del campo en la que se deciden los partidos y en la que los espacios se pagan con oro. Ahí aparecían Koke, Isco, Asensio y Silva a partes iguales. Todos ellos futbolistas livianos, verticales, regateadores y vivos en el área. Cualquiera de los cuatro podía convertirse en el «falso 9» dependiendo del movimiento del balón y del destino al que les llevara la jugada. Pero Silva tenía prioridad. Quizá por eso, por la continua movilidad de los cuatro jugadores en esa zona, provocó que la defensa italiana no tuviera la sobriedad de otras noches y el primer pase en profundidad a Asensio acabó siendo una falta que marcaría Isco de magistral disparo. Precisamente, el malagueño hizo el segundo tras una jugada de toque de esa colección de «falsos 9» que plantó Lopetegui en las inmediaciones del área azzurra. En los repliegues Silva era el encargado de ocupar la posición del 9, pero con el balón en su poder, España se movía como si de sus hermanos del fútbol sala se tratara en un continuo rondo en el que cualquiera podía ocupar la posición de delantero.

El plan, que duró 70 minutos, le salió a la perfección a Lopetegui, y como en aquella final de la Eurocopa, España fue superior al rival y sin la necesidad de jugar con un delantero centro. Con la salida de Morata, el plan cambió y apareció el 9 puro. Y esta vez el atacante del Chelsea sí aprovechó los minutos del seleccionador para demostrar que esta selección puede jugar con «falso 9» y con 9. Nada que ver con lo que ocurrió hace 15 meses en otra Eurocopa, la de Francia, en la que Italia sacó los colores a la selección española, que pudo ser goleada y se quedó fuera del torneo. Pero eso ya es historia. Ahora España juega al fútbol sin pensar en si lo hace o no con 9.

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