Rodrigo Germade: «Después de Río dudé si retirarme»

Al palista de Cangas no le llenó su diploma en los últimos Juegos, pero decidió pelear aún más y ahora aspira a todo


REDACCIÓN / LA VOZ

Un fin de semana espectacular en el Mundial de Racice (República Checa) elevó a Rodrigo Germade (Cangas, 1990) de un puesto de prestigio reconocido en el piragüismo internacional, a un lugar entre las grandes bazas españolas para los Juegos de Tokio. Hace solo un año digería todavía un diploma olímpico en Río 2016 que no colmaba sus expectativas. Así que maduraba en silencio si abandonar el deporte, si valían la pena tantas horas robadas a la familia, a los estudios, a otra vida. Decidió seguir peleando, y desde ayer tiene en la Blume una medalla de oro en K4 500, modalidad olímpica en el 2020, y otra de plata en K2 500.

-¿Cómo le dejó el Mundial?

-Estoy muy satisfecho. Porque la plata en el K4 500 es un resultado muy bueno. Alemania ya sabíamos que era un rival súper duro, con palistas que nunca fallan y tácticamente impecables. Nos pusimos a liderar la final pronto y creímos que podíamos ganar, pero ellos ahora mismo tienen una marcha más. Aunque la plata es un grandísimo resultado para nosotros.

-Salieron fuerte y llegaron fundidos a la segunda parte de la final.

-Sí, salimos dando el 120 %, e íbamos primeros, pero ese esfuerzo nos pasó factura, poco a poco nos fueron cogiendo y los últimos 100 metros se nos hicieron muy cuesta arriba.

-Pero batieron el anterior récord del Mundo.

-Sí, el tiempo está ahí y habla de nuestro nivel y del nivel que está cogiendo esta prueba, aunque pudiese haber una ligera brisa a favor. Cuando una distancia entra en el programa olímpico, los países se vuelcan y empiezan a caer récords a lo bestia. A medida que se acerquen los Juegos de Tokio, el listón irá subiendo.

-Este resultado confirma a España como aspirante a medalla en el 2020 con este barco.

-Sí, el objetivo del K4 español tiene que ser una medalla en Tokio, está claro que no es descabellado decirlo porque es el objetivo real. Y en realidad no queda tanto para Tokio. Por eso ha sido importante poner ahora el listón alto. La gente ya está labrando su camino, aunque luego siempre se produce alguna sorpresa.

-Su barco, con Cooper, Cristian Toro y Carlos Garrote, lo integraban palistas que no habían trabajado mucho juntos hasta este año.

-Sí, pero desde el principio se vio que el barco iba bien. De hecho, conseguimos la plata en la Copa del Mundo de Hungría en mayo con solo siete sesiones contadas de entrenamientos juntos. Y allí ya batimos el anterior récord del mundo, igual que lo hizo el barco ganador, Alemania. Aunque durante este tiempo tuvimos que hacer cambios. Empezamos conmigo de 2 [segunda posición en el barco] y Toro de 4. Nos faltaba engranaje. Intercambiamos los puestos y la decisión fue un acierto.

-Son palistas muy diferentes. ¿Cómo definiría a los cuatro?

-Yo digamos que tengo experiencia al llevar muchos años en este barco. Lo siento y aporto ese punto de cordura a la bravura del barco, que tiene mucha fuerza. La cadera de Marcus representa el motor, Toro es la fuerza y, si está bravo, parece que avanza ya él solo, y Garrote destaca por la técnica y la velocidad nata. Digamos que Garrote y Toro lanzan el barco en la primera parte, como un motor de arranque, y Marcus y yo aportamos el motor de llegada.

-Además este año no optó al K4 500 Saúl Craviotto. Con él, habrá otra competencia y el barco será más fuerte todavía. ¿Cómo encajan esa situación de incertidumbre sobre los componentes del barco?

-Sí. Hasta Tokio la competencia va a ser altísima. Pero no solo por Saúl, sino también por Roi Rodríguez, Carolos Arévalo y más gente con un perfil idóneo que van a intentarlo. Esa competencia van a subir el nivel del barco que finalmente vaya a los Juegos.

-¿Se ve optando a un segundo barco para los Juegos?

-Podría haber la posibilidad de intentar el K2 1.000. Ya se verá.

-¿Qué suponen a nivel personal estas dos medallas?

-Creo que me lo merecía. Llevo muchos años peleando en K4 y ahora, en este barco tan competitivo, consigo un reconocimiento.

-La plata en una prueba olímpica supera la relevancia del oro en el K2 500, pero ese título también indica su progresión.

-La distancia olímpica tiene más peso, eso es cierto. Pero el oro fue una pasada. Sabíamos que andábamos mucho. De hecho, en principio no íbamos a disputar esa prueba, pero fuimos Marcus [Cooper, su compañero en ese barco] y yo quienes se lo pedimos a la federación española. Así que nos hicieron un test sobre 400 metros en K2 e hicimos 1.07, una pasada de tiempo, a ritmo de récord del Mundo. Así que aceptaron que doblásemos prueba en Racice. Cuando llegamos allí, la gente ya nos veía medallistas.

-El 2017 ya es el mejor año de su vida

-Sí, sin duda.

-Comentaba antes que se merecía este éxito. ¿Ha habido momentos duros?

-Sí. Hay mucho sufrimiento detrás, como cualquier deportista. He montado con todo el piragüismo español y ahora he dado con unos compañeros estupendos. Estoy muy contento. Después de Río, dudé si retirarme. Pensé en dejarlo, como en una especie de depresión postJuegos. Estábamos preparados para hacer algo más [que un quinto puesto en K4 1.000], para luchar más por la medalla. Físicamente estábamos listos para ello. Menos mal que en mi entorno hubo gente que me levantó y decidí continuar.

-¿Cómo fue ese tiempo de reflexión?

-Veía que se agotaba mi tiempo aquí, pero mi entorno me convenció de que no me agobiase, porque todavía era joven, y tiré para adelante. Fue un acierto.

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