Gómez Noya: «Ahora valoro más las victorias»

El pentacampeón mundial de triatlón planea dedicar el 2018 al ironman, y decidir después si retoma el reto del oro olímpico en Tokio

«Ahora valoro más las victorias» El triatleta ferrolano Javier Gómez Noya planea dedicar el 2018 al ironman, y decidir después si retoma el reto del oro olímpico en Tokio 2020. «Ganar de forma tan contundente en Montreal me dio mucha confianza», señala en Pontevedra.

REDACCIÓN/ LA VOZ

Con la tranquilidad de tener el palmarés más grande de la historia del triatlón, Javier Gómez Noya (Basilea, 1983) tiene este año un calendario que puede llegar a parecer un jeroglífico. La línea más clara la dibuja su actual prioridad, la triple corona del desierto, donde un pleno en tres pruebas de 70.3 (1,9 kilómetros a nado, 90 en bici y 21,1 a pie) tiene el premio gordo de un millón de euros. Para cerrar ese círculo, algo que ningún hombre ha conseguido por ahora, ya ganó en Dubái en enero, debe repetir en el Mundial de la distancia en Chattanooga (Tennessee) el 9 de septiembre y culminar la hazaña en Baréin en noviembre. Ese objetivo lo antepone a otra línea que marca su calendario. Por eso, pese a su soberbia victoria de hace dos semanas en la carrera del Mundial de distancia olímpica en Montreal y su segundo puesto en la general, renuncia a la penúltima prueba. Faltará en Estocolmo y solo acudirá a la gran final de Róterdam, en busca de su sexto título, pero dependiendo de que Mario Mola no haga un buen resultado, solo seis días después del esfuerzo de Tennessee. Por último están sus planes a medio plazo, el mítico ironman de Hawái y los Juegos Olímpicos de Tokio. A probarse en el salvaje formato del primero dedicará seguramente el 2018, y después evaluará si continúa la apuesta o retoma la lucha por el oro en el 2020 en Japón.

-A nivel personal, ¿cómo ha sentido este año?

-He disfrutado. Siento que cada vez tengo menos presión. Ha sido frustrante no encontrarme bien alguna carrera porque sigo siendo igual de competitivo y no me gusta acabar noveno. Pero ganar en Dubái el 70.3, luego en Abu Dabi y el otro día en Montreal ha sido muy bonito. Ahora valoro más las victorias.

-El paso del tiempo está ahí. ¿Se preguntó si llega el momento de dejar la distancia olímpica?

-Te lo preguntas porque llevas unos años haciéndolo y, si no consigues unos resultados tan buenos, te apetece hacer otra cosa. Pero en cuanto a tiempos estoy a mi mejor nivel. En distancia esprint, sí veo gente capaz de ir muy rápido, y en condiciones normales Mario [Mola] es el que más corre, pero si estoy bien puedo tener opciones; y en olímpica, puedo ganar a cualquiera en cualquier tipo de carrera.

-¿Por tests, si suma los tres segmentos, está mejor que nunca?

-No lo sé. Estoy muy fuerte en las tres cosas. ¿Alguna vez corrí más rápido? Quizá sí. Pero ahora hago más bici. En Montreal corrí tan bien porque en la bici estaba tan fuerte que no me pasó tanta factura como a otros. En una carrera dura, saco más beneficio.

-Con los altibajos del año, y pensando a largo plazo, ¿se replantea ir a Tokio 2020?

-Lo dejo para más adelante. Planeo centrarme el año que viene en la larga distancia porque si quiero ir a Hawái no debo esperar demasiado. Pero no descarto volver luego a la olímpica.

-Cambia, entonces, en el 2018.

-La idea es priorizar la larga distancia, aunque haga otras carreras. Y después veremos si me gusta. Ahora puedo hacer lo que me apetezca. Mucha gente quiere que haga larga distancia, otros que vaya a los Juegos... No puedes contentar a todo el mundo.

-Ahora su mayor rival es Mola, pero mantienen amistad.

-En Montreal salimos juntos a entrenar antes de la carrera y hablamos de entrenar juntos a final de temporada o irnos de viaje al final de temporada. Con Mario no tengo solo relación de compañero de selección, sino de amistad.

-Necesita liársela en bici en la final de Róterdam para poder dejarlo varios puestos por detrás y ser campeón mundial.

-Si él juega bien sus cartas, es muy difícil. Yo en la final quizá tenga que ganar y que él no sea ni sexto. Si él en bici se guarda para correr, acaba cazando a muchos y le vale para ser cuarto o tercero. Habrá que intentar apretarle lo que se pueda y ver cómo responde.

-Ningún hombre ganó por ahora la Triple Corona.

-Es un premio apetecible con carreras de media distancia de mucho nivel. Pero no estoy ni a medio camino. He ganado la primera, pero sé que la más difícil es el Mundial.

-¿Cuál sería su sueño si tuviese que elegir uno hoy?

-Las dos carreras más ilusionantes a medio plazo son Hawái y Tokio, pero son casi incompatibles. Tendré que decidir. Es posible que en el 2018 me decante por la larga distancia y según mi experiencia y como me vea, decidiré si sigo o vuelvo porque tendría dos años para ir a Tokio.

-Su futuro es un puzle.

-Ya no me estresa. Antes quería tener todo planificado, pero desde que hay Series Mundiales, tienes que cambiar cosas sobre la marcha, estar abierto a improvisar.

-¿Añora sus duelos con Alistair Brownlee?

-Sí y no (ríe). Han sido muy bonitos para el triatlón. Alistair es el mejor al que me he enfrentado en cualquier distancia. Es tan impredecible que es el más duro.

-Se lo encontrará el año que viene en el ironman.

-Había escuchado que quería hacer el ironman de Hawái el año que viene. Tenemos que demostrar ambos como nos adaptamos a esa distancia. Son deportes casi diferentes.

-Encadenó varias citas sin podios este año, con éxitos de Mario, ¿sintió que alguien le jubilase?

-Sí, sí, me jubilan cada vez que no hago podio en una carrera, algunos medios de comunicación he leído por ahí. Pero me da igual. No soy un chaval, pero cuando no me sienta capaz de rendir al máximo nivel, lo notaré en los entrenamientos y en la motivación diarios antes que en las carreras.

«Ganar de forma tan contundente en Montreal me dio mucha confianza»

Seis horas diarias entrena estos días en Pontevedra el pentacampeón mundial de distancia olímpica. En ese calendario sufrió varios este año altibajos por problemas físicos. «Empecé con una victoria en Abu Dabi y luego, aunque fui cuarto en Gold Coast, me encontré bien. Estaba mentalizado y entrené duro para Yokohama, pero pasó el tema de la muela y ese resultado, [noveno], lo tenía que descartar. Ahí en casa hubo días que no levantaba cabeza. Me perdí la prueba de Leeds. En Hamburgo estuve mejor de lo que pensaba, [quinto], porque llevaba poco tiempo entrenando. En Edmonton, [sexto], tuve fiebre. Para Montreal me recuperé, en un circuito y una distancia que me iban mejor, y salió un buen resultado. Ha habido de todo y ahora estoy segundo del Mundial casi sin haberlo buscado. Ganar es muy difícil porque dependo más de que Mario lo haga mal que de que yo gane la final. Pero puede pasar de todo. Lo sé por experiencia. Como pasó con Frodeno en el 2010 también», comenta sobre la final de aquel Mundial en Budapest, cuando el favorito se desplomó y pudo celebrar su segundo título.

-¿Qué supuso su rotundo triunfo en Montreal tras esos problemas?

-Es motivante, porque van pasando los años y te preguntas, ‘¿seré capaz de estar al nivel con los jóvenes?’ Ganar de forma contundente en Montreal me dio mucha confianza. Sé que en distancia olímpica puedo ser competitivo contra quien sea. Aunque el Mundial no sea el gran objetivo de este año, ganar dos carreras del máximo nivel hacen que para mí este ya sea un buen año independientemente de lo pase ya.

-Tras ganar en Montreal, le costó más renunciar a Estocolmo?

-Sí, pero allí tengo poco que ganar. Iré a la final para intentar ganar y conseguir el décimo podio Mundial de mi carrera y, si Mario falla, aprovechar la oportunidad también. Decidí centrarme en el Mundial 70.3, que me interesa y me hace ilusión.

-Afronta dos pruebas muy distintas en seis días.

-Sí, lo he hecho alguna vez al revés, y me encontré bien, pero nunca sabes cómo va a responder el cuerpo. No es la preparación ideal para la final de Róterdam. Pero le doy prioridad al 70.3, y luego vamos a ver qué sale.

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