La generación de deportistas gallegos que quiere comerse el mundo

La Voz reúne a siete figuras gallegas por debajo de los 23 años, parte de una hornada de oro que augura un futuro espléndido

La generación que se quiere comer el mundo La Voz reúne a siete jóvenes deportistas gallegos, una pequeña parte de una hornada de oro que augura un futuro espléndido

REDACCIÓN / LA VOZ

«Esta reunión da pie a pensar que el futuro del deporte gallego está asegurado con nuestra generación. Ahora, cuando salimos a competir fuera, vamos a comernos el mundo». Lo dice el remero Rodrigo Conde (Moaña, 19 años), oro y bronce mundial sub-23. Él fue uno de los siete deportistas que esta semana estuvieron en la redacción central de La Voz, todos con puntos en común y conscientes de que todavía les queda mucho, muchísimo, por caminar. A diferencia de los que antes realizaron el mismo recorrido, cuando Galicia estaba empezando a despertar a nivel nacional e internacional, la mayoría cuentan con espejos en los que mirarse. «Si tengo que pensar en alguien, pienso en Javier Gómez Noya. En este momento es el referente del deporte gallego y creo que es él el que está dando el empujón para que muchos jóvenes puedan llegar a lo que es él, pentacampeón del mundo y medallista olímpico», resalta Adrián Ben (Viveiro, 19 años), una de las perlas del atletismo español, bronce continental júnior en los 1.500 metros hace unas semanas. El ciclista Iván Feijoo (Allariz, 18 años), un habitual entre los primeros de las copas del mundo de ciclocrós y BTT, descubrió «más fácilmente» su pasión viendo «al lado de casa», en Maceda, a Pablo Rodríguez o a José Antonio Hermida.

La ilusión alumbra sus rostros cuando hablan de sus disciplinas y, sobre todo, del tiempo que le dedican cada día. «No me cuesta nada madrugar, siempre voy contento a entrenar», asegura Jacobo Garrido (A Coruña, 14 años), que a su edad no para de ganar medallas en los nacionales absolutos y sueña con estar en los Juegos Paralímpicos de Tokio. También del 2002 es la levantadora Irene Blanco (A Coruña, 15 años), subcampeona de Europa sub-15 y doble plusmarquista continental, que descubrió la halterofilia «de casualidad» y en dos años de práctica ya es una de las mayores promesas a nivel nacional. «Aún me queda mucho por trabajar. Sobre todo técnicamente creo que tengo mucho margen de mejora», resalta.

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A diferencia de lo que ocurría hace no tanto, estos jóvenes talentos no entienden una dedicación en exclusiva al deporte. Son conscientes de que existe un después tras la retirada y no escatiman en esfuerzos para asegurarlo. «Compaginar todo no es sencillo, pero la vida del deportista no es para siempre, por desgracia. Por eso cuando acabe esta etapa, que espero que sea dentro de mucho tiempo, tendré un apoyo», comenta Jonathan Barreiro sobre sus estudios en Gestión Comercial y Márketing en Zaragoza, donde juega desde la pasada temporada. En la capital española, Adrián Ben, que va a empezar segundo de Fisioterapia, es el único, de estos siete, interno en la residencia Blume. «Me coinciden las clases con los entrenamientos, sin posibilidad de cambiar eso, pero mis compañeros me ayudan y el primer año ha ido genial», explica el atleta. Este año, Irene Blanco cambiará A Coruña por la residencia, «precisamente, para mejorar en los estudios». «Me dijeron cómo funciona y creo que me va a ayudar mucho estar allí», afirma la coruñesa, que ya tiene en su pasaporte un Mundial en Tailandia. Jacobo Garrido, por su parte, tiene claro que por ahora se queda en la urbe herculina: «Ahora tardo tres minutos en ir de la piscina a clase, así que si me marcho a Madrid o Barcelona, será más adelante».

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Que son deportistas de altura, queda claro, pero más si cabe con Jonathan Barreiro (Cerceda, 20 años) y Blanca Millán (Santiago, 19 años), jugadores de la ACB y de la liga universitaria estadounidense. «El paso de júnior a profesional fue complicado. Se trata de dar pasos adelante, alguno atrás, pero siempre seguir trabajando para hacerse un hueco», cuenta Jonathan, que con 17 años debutó con el Real Madrid en la Euroliga y ahora milita en Zaragoza. Mientras, Blanca pasó de entrenar una hora y media a la semana, a machacarse sin apenas mañana y tarde sin apenas descanso. Igual que Iván Feijoo, se lesionó el hombro y no podrá estar en el próximo Mundial, ella se operó una rodilla y llegó justa de preparación a la concentración con la selección. «A pesar de ser deportes diferentes, las lesiones nos dan igual de rabia a todos. Pero creo que esta generación sabe superarlas. Nos hacen fuertes y seguimos yendo a por lo máximo», subraya la santiaguesa.

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Antes de la reunión desconocidos entre ellos, ahora saben que otros deportistas gallegos están siguiendo el mismo camino. «Tengo una cosa clara: quiero alcanzar un objetivo y voy a hacer lo que haga falta para lograrlo», resume Adrián Ben, y concluye Rodrigo Conde: «Ahora nosotros también empezaremos a ser un ejemplo para los que vienen por detrás». Ellos son futuro, ya presente.

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