Sus fieles también abandonan a Villar

Los 16 presidentes de territoriales afines al vasco le exigirán la dimisión bajo amenaza de dejar la directiva

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redacción / la voz

El tiempo de Ángel María Villar se agota. Suspendido como presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF) como consecuencia de su papel en la operación Soule, ahora le amenaza su guardia pretoriana de los últimos años. Los 16 presidentes de las federaciones autonómicas que le arroparon durante los últimos años han decidido abandonarlo para conservar su poder. El pasado jueves comenzaron el golpe de timón. Y en breve le trasladarán un ultimátum: o dimite de forma definitiva de su cargo, como hizo ya en la FIFA y la UEFA por intereses económicos, o dejarán la junta directiva. Su renuncia, que cuenta con pocos visos de llevarse a cabo si no recibe más presiones, debería llegar a principios de septiembre. Es la fecha en la que vence el ultimátum.

En realidad, el villarismo trata de mantener su poder, lavar su imagen y propiciar la salida del dirigente vasco en un movimiento que evite nuevas elecciones. El jueves, Juan Luis Larrea, su tesorero de la RFEF durante los últimos años y el encargado de asumir temporalmente las atribuciones del presidente, y Esther Gascón, secretaria general de la institución, trasladaron su plan al secretario de Estado para el Deporte, José Ramón Lete. Los 16 presidentes de las territoriales afines a Villar le instarían a dimitir. A continuación, se produjo en Las Rozas la reunión de los dirigentes de las federaciones autonómicas, en una cita a la que no fueron convocados los responsables de las federaciones gallega, aragonesa y andaluza, Rafael Louzán, Óscar Fle y Eduardo Herrera. Quedaron excluidos, precisamente, los más críticos con la gestión del dirigente vasco.

¿Por qué ese cambio de rumbo? Tratan de mantener su poder. Quieren que Villar dimita y que los actuales miembros de la Asamblea de la RFEF puedan continuar en sus cargos y elijan a un nuevo presidente. Larrea ya se mueve para optar al cargo. Pretenden que la salida de Villar entierre en falso la crisis generada por la operación Soule, que apunta al desvío de decenas de millones de euros de la federación. Porque el levantamiento del secreto del sumario de la Soule puede conllevar revelaciones que demuestren definitivamente las irregularidades del proceso electoral.

En ese caso, el TAD podría actuar e instar a la repetición de todo el proceso electoral, incluida la elección de asambleístas. Y en una nueva votación, después de las irregularidades que afloraron en las últimas semanas, podrían perder hasta su condición de asambleístas.

Los presidentes afines a Villar quieren que la dimisión transmita la imagen de una nueva etapa. Ya lo comentó Larrea en varias ocasiones, tanto en público como en privado. «Si Villar sale de la cárcel, solo puede ir a recoger sus cosas a la RFEF. Está amortizado como presidente», declaró a finales de julio.

El CSD confirmó la cita de Lete con Larrea y Gascón, pero no ofreció más detalles sobre el contenido apelando a que se trató de una «reunión privada».

Villar se encuentra investigado en la Soule, por la Audiencia Nacional, por administración desleal, apropiación indebida, corrupción entre particulares, falsedad documental y posible alzamiento de bienes. También están imputados su hijo, Gorka Villar, y su vicepresidente Juan Padrón, en una larga lista de dirigentes.

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