España se consuela con la plata

Álvaro Alonso Filgueira
Álvaro Alonso REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

Alberto Estévez | EFE

La generación dorada cede solo ante Estados Unidos en el Mundial

29 jul 2017 . Actualizado a las 00:01 h.

Dos años, tres campeonatos, en blanco eran demasiados para una generación acostumbrada a subir a algún escalón del podio. Lo echaban de menos, se notaba. En el Mundial de Budapest vencieron a Nueva Zelanda, Sudáfrica y China, lejos de su nivel, en una primera ronda en la que solo cedieron frente a Estados Unidos (8-12). En la siguiente ronda demostraron su poderío contra China (13-5) y ya en cuartos, en un encuentro con una tensión desbordante, acabaron 10-10 ante Grecia y consiguieron el pase en los penaltis. Así llegó España a semifinales. En esa penúltima ronda, dominaron a Canadá (12-10) y se aseguraron la medalla.

Una vez más, las de Miki Oca estaban en una final, la cuarta en los últimos seis años. El camino lo abrieron a lo grande en Londres 2012 con una plata olímpica; después llegarían el oro mundial en casa (Barcelona 2013) y el triunfo europeo, precisamente en Budapest, en el 2014. Desde entonces, el desierto, aunque con un meritorio quinto puesto en Río 2016. Por eso este metal, de plata, tras caer frente a Estados Unidos en una final con poca historia (13-6), tiene un cariz especial. Del equipo que ganó el Mundial del 2013 permanecen cinco jugadoras (Anni Espar, Pili Peña, Laura Ester, Marta Bach y Mati Ortiz), germen de la generación junto a Jennifer Pareja y otras tantas, ahora rodeadas de nuevos valores.

La selección hizo lo imposible ayer por superar a las norteamericanas, que se han llevado las últimas catorce finales que han disputado. Son, para todos los entendidos, el mejor equipo femenino de la historia, de ahí que la derrota pueda tener un matiz menos doloroso. Bea Ortiz, máxima goleadora española en esta competición, y Anni Espar fueron las mejores hasta el descanso, al que el equipo se fue con opciones, dos goles abajo (5-3). Sin embargo, tras la reanudación, las inferioridades y los lanzamientos al palo (cinco en todo el partido) hicieron imposible la remontada. De hecho, el resultado igualó al más abultado en una final mundialista.