Presidente eterno, sospechoso habitual

josé m. fernández REDACCIÓN / LA VOZ

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El fútbol español no había conocido otro presidente desde 1988. Ahora, la justicia parece haberle acorralado

19 jul 2017 . Actualizado a las 09:41 h.

El honrado, humilde, familiar y cercano Ángel María Villar tenía truco. Veintinueve años después de su desembarco en la Federación Española de Fútbol, la justicia parece a punto de poner fin a un octavo mandato, apenas recién iniciado. A Miguel Cardenal, el presidente del CSD que empeñó su prestigio en limpiar los despachos, probablemente le costó la continuidad poner en marcha los mecanismos que, esta vez sí, están a punto de poner fecha de caducidad a quien no parecía tenerla, al ya no tan eterno presidente del fútbol español. A un superviviente aferrado a los invisibles hilos del intercambio de favores.

Y es que resulta imposible imaginar a Ángel María Villar (Bilbao, 21 de enero de 1950) en otra actividad que no sea la de presidir la Federación Española de Fútbol. En realidad, es lo que ha hecho durante los últimos 29 años y lo que pretendía seguir haciendo, como mínimo, en los próximos cuatro. Villar no siempre fue el burócrata que rehúye a los periodistas o se refugia en el búnker que él mismo ha fabricado, ni siquiera el escurridizo gestor que, pese a haber desarrollado toda su vida en las cercanías del balompié, exhibe sin pudor sus evidentes problemas de dicción con vocablos tan habituales como fútbol o árbitro.

Villar también fue futbolista. Durante once campañas (de 1970 a 1981) perteneció a la primera plantilla del Athletic de Bilbao. Un puñetazo a Cruyff durante un Athletic-Barcelona y 22 internacionalidades fueron lo más relevante de un centrocampista esforzado y tenaz, pero de talento limitado. Más pugnaz que brillante, como en los despachos. Un superviviente.