El devorador de secretarios generales y fiel escudero de Villar

Cuando Ángel María Villar alcanzó la presidencia de la Federación, Juan Padrón tenía 52 años y ya contaba con voz y mando


redacción / la voz

Cuando Ángel María Villar alcanzó la presidencia de la Federación Española de Fútbol (1988) Juan Padrón tenía 52 años y ya contaba con voz y mando en el edificio de la calle Alberto Bosch (antigua sede federativa). El neófito presidente mantuvo al tinerfeño en el cargo y este solo tardó un año en cobrarse su primera víctima: el secretario general, Agustín Domínguez.

Empezaba así a labrarse Padrón su merecida fama de devorador de secretarios generales. Y salió vencedor en todas las disputas que mantuvo con estos. Logró echar a Domínguez, posteriormente a Gerardo González y, últimamente, también ganó el pulso a Jorge Pérez, al que llegó a relegar al ostracismo arrebatándole todas sus funciones y dejándolo durante meses como mera figura decorativa. Era la forma de actuar del fiel guardaespaldas de Ángel María Villar.

Se dice por los pasillos de Las Rozas que tal era la ascendencia que tenía sobre el presidente que este nunca se atrevió a cuestionar ninguna de sus actuaciones. Y eso que muchas le costaron serios disgustos. Porque, paralelamente a su querencia por cargarse secretarios generales, Padrón fue acumulando escándalos.

Llegó a ser acusado de llevar a su familia de viaje a costa de la federación, de favorecer la contratación de Puma (empresa cuya representación ostentaba en Tenerife) en diversas territoriales, de desviar dinero de las quinielas... El penúltimo escándalo que protagonizó fue emplear a su hija en la fundación de la RFEF. Una mácula más en su polémico y sospechoso historial que, a sus 81 años, le ha conducido a dormir en prisión.

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