La metamorfosis de Sergio García

El US Open castiga las alegrías de la mayoría de favoritos en Erin Hills, donde el español mantiene su posición cerca de la cabeza

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REDACCIÓN / LA VOZ

Erin Hills tendió una trampa. El interminable campo de los 7.100 metros mostró durante parte del jueves su cara más amable. La aprovechó Rickie Fowler para conseguir el mejor resultado respecto al par en una primera vuelta de un US Open (-7), para totalizar anoche -8 al cierre de esta edición, como colíder. Pero en realidad el campo solo era asequible hasta cierto punto. Los greenes blandos de la primera jornada permitían parar la bola, las calles anchas perdonaban alguna escapada, pero al final la hierba festuca, esa zona de aspecto trigueño, penalizaba imprecisiones. Y otras complicaciones sutiles de este campo sin árboles de Wisconsin también planteaban dificultades al mínimo descuido. En parte por eso tantos fenómenos se lanzaron al ataque, pensando que el US Open de este año no era tan fiero como el de ediciones anteriores, y terminaron estrellados. Al cierre de esta edición, hacían las maletas favoritos como Adam Scott, Henrik Stenson (+3), Bubba Watson (+4), Rory McIlroy (+5), Jason Day (+10)...

Por eso el US Open, en realidad el grand slam más difícil del golf, a tenor de los resultados, premiaba ayer a los jugadores que lo jugaban con cierto respeto. Anoche, entre los 20 primeros, no había ni un solo jugador con un grande en su palmarés. Justo a continuación aparecía la figura del ahora templado Sergio García (-3). Un jugador en las Antípodas del chico airado que irrumpió en el circuito hace casi 20 años. Quizá por ese motivo, pese a llegar a Erin Hills como campeón del Masters, encaró el US Open con esa mezcla de valentía y prudencia que premia desde el jueves el campo.

Ya en la casa club después de completar sus segundos 18 hoyos, figuraba a cinco golpes de los colíderes, los estadounidenses Brooks Koepka y Fowler (-8). El reverso de García, cosas de juventud, lo representaba Jon Rahm. Enfadado con el mundo en su primera ronda, hasta patear sus palos. Pese a su mejoría, ayer tenía toda la pinta de fallar el corte del US Open, aunque se agarraba al campo para totalizar, después de 12 calles, +4. Con siete hoyos por jugar, con +3, Rafa Cabrera también exprimía sus posibilidades de llegar al fin de semana. Los greenes se endurecen, el campo se complica, el viento incomoda... El US Open recupera su identidad para las dos últimas jornadas.

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