El crono corre contra Kilian Jornet

Medios y espónsores presionan para que el corredor de montaña catalán publique pruebas de sus ascensiones al Everest. Ni la Himalayan Database ni las autoridades chinas han certificado su hito.


Redacción / La Voz

«De nuevo en los trails (caminos de montaña) con mi persona favorita!» Kilian Jornet publicó ayer este tuit junto a una foto en la que aparece con su novia, la también corredora de montaña sueca Emerlie Forsberg, en Romdsdal, la región de noruega en la que ambos residen desde el año pasado. Aparentemente el alpinista de velocidad catalán es ajeno a la polémica que va agrandándose como una bola de nieve sobre la supuesta hazaña que protagonizó hace dos semanas: la doble ascensión sin oxígeno al Everest con solo seis días de diferencia, el 22 y el 27 de mayo. Un artículo publicado en el diario francés Liberation pone en entredicho este hito y se pregunta ya en el titular si Jornet «ha conseguido realmente un logro en el Everest».

Liberation analiza una actuación «amplificada por el servicio de comunicación» de Jornet y que ha merecido calificativos como «récord», «histórica» o propia de un «superhombre» en numerosos medios. Pero el rotativo galo recuerda que los espónsores del deportista, entre los que está Salomon (una prestigiosa marca de equipamiento de montaña nacida en Francia, que después fue adquirida por Adidas y actualmente pertenece al grupo finlandés Amer Sports) «requieren una serie de ajustes».

Jornet sigue sin presentar pruebas de las dos cimas anunciadas. No hay fotos (en la primera dijo que había llegado a medianoche, por lo que una cámara no serviría de nada), no hay tracks GPS, no hay testimonios de terceras personas (subió en solitario), ni un registro detallado de las dos ascensiones. Sus logros todavía deben ser homologados tanto por las autoridades chinas como por la Himalayan Database, con sede en Katmandú y que gestiona los archivos de Elizabeth Hawley, cronista oficial de las expediciones al Himalaya. «Considerando que Kilian Jornet no es un mentirososo, ¿qué lugar deben ocupar sus dos ascensiones en la larga crónica del Everest», se pregunta Liberation.

Tradicionalmente, todos los alpinistas que quieren escalar el techo del mundo hacen una visita antes y después a Miss Hawley. Esta periodista estadounidense de 93 años actúa desde hace décadas como una notaria de los ochomiles, recabando todo tipo de datos sobre la ascensión (fechas, vías de subida, medios utilizados, miembros de la expedición, sherpas, utilización de oxígeno y cuerdas fijas, campamentos...) que contrasta después rigurosamente. Si Hawley no certifica la cima, el logro no puede engrosar el currículum del deportista, como le ocurrió a la coreana Oh Eun-sun en su pugna con la española Edurne Pasabán por ser la primera mujer en escalar las 14 montañas más altas del planeta (la Himalayan Database rechazó su supuesta ascensión al Kangchenjunga en mayo del 2009).

Kilian Jornet por supuesto no ha pasado por la oficina de Miss Hawley. En sus redes sociales (el corredor de montaña catalán es muy activo en Internet y acostumbra a dar cuenta al detalle de sus proyectos en sus cuentas de Facebook, Twitter, Instagram y el blog Summits of my life) publicó dos pequeños vídeos a su regreso al Campo Base Avanzado (6.400 metros), tomados por el cámara Seb Montaz. «Es una sensación genial haber subido al Everest dos veces en una semana», dice en el último. «Ganas siempre mucha experiencia viniendo a hacer alpinismo aquí, porque hay unas montañas más inmensas... No haces más que aprender», añade. El siguiente post, del miércoles pasado, lo hizo desde el tren «de vuelta a casa tras un mes en la mochila: Mezzalama-Cho Oyu-Everest x 2- home».

La comunidad montañera está dividida sobre el supuesto logro de Jornet. En la web especializada Desnivel se ha batido estos días el récord de comentarios en las noticias sobre el alpinista, con dos bandos irreconciliables y numerosos trolls, como si en vez de montaña se discutiese sobre política o el fútbol. Para muchos aficionados Jornet es un «dios» que ha llevado el cuerpo al límite con un esfuerzo sobrehumano y el heredero natural del suizo Ueli Steck, el mejor alpinista de los últimos años y que murió esta primavera cuando se preparaba para hacer la travesía Everest- Lhotse.

Pero hay numerosas voces que opinan lo contrario y se preguntan cómo es posible que un corredor experto en ultra trails (carreras de montaña de largo recorrido y miles de metros de desnivel) y que ha hecho la mayor parte de su carrera en los Alpes pueda de repente convertirse en una estrella del Himalaya y subir dos veces al Everest en la misma temporada. Algo que muy pocas personas han hecho antes y todas eran sherpas: Babu Chiri en 1999, Pemba Dorje en el 2007 (sin oxígeno y en siete días) y Chuwang Nima y Kami Rita en el 2010.

También se critica que Jornet defienda un estilo alpino cuando la ruta supuestamente utilizada en sus dos ascensiones fue la normal de la cara norte, un camino muy marcado, prácticamente con cuerdas hasta la cima y escaleras para superar los pasos más difíciles. El 21 de mayo, el mismo día que Jornet, al menos 150 personas hicieron cumbre por esta vía, aunque la inmensa mayoría con oxígeno suplementario y la ayuda de sherpas. Uno de los que lo consiguió, el 27 de mayo, fue el también catalán Ferrán Latorre, quien completó de esta forma los catorce ochomiles. Latorre fue el primero en reconocer que había empleado oxígeno en el tramo final y publicó de inmediato la foto con la máscara en la cima. Además, su ascensión se pudo seguir en tiempo real a través de la web Emotional Pulse, gracias al dispositivo GPS que llevaba, que aportaba no solo la altura a cada momento, sino el mapa detallado de las rutas de subida y bajada y hasta el ritmo cardíaco del alpinista.

El hecho de que Kilian Jornet no incluyese aparentemente ningún dispositivo de geolocalización por satélite es ampliamente criticado por un sector de los aficionados. Un montañero gallego con amplia experiencia y que prefiere no dar su nombre rechaza el argumento de que se hubiese olvidado de ponerse el reloj inteligente Suunto (otra de las marcas que lo patrocinan) y que habría registrado los datos de posición y altura. «Todos los alpinistas de ese nivel llevan un teletracker, yo he llegado a alguna cumbre mirando solo el GPS y sin saber por dónde estaba andando», explica. A su juicio, «él puede tener las dos cimas, pero la manera en que se está comportando no tiene sentido». Tampoco le convence la excusa dada por Jornet para descartar el plan de subida inicial por los corredores Norton o Hornbein, mucho más difíciles: «Dijo que había mucho hielo y eso es precisamente mejor para subir en velocidad, es mucho más lento si tienes medio metro de nieve. Y en Norton no hay duda de que no hay cuerdas».

En las últimas horas, quizá a raíz de la expectación generada, Jornet ha empezado a subir a su perfil de Suunto Movescount la actividad de sus dos últimas semanas en el Himalaya. De momento solo tiene dos tracks, uno del 15 de mayo en el que sube hasta los 8.404 metros desde el Campo Base Avanzado (CBA), en una ruta de 11,5 kilómetros y 1.946 metros de desnivel que cubre en 9 horas, 37 minutos y 54 segundos; y otro del 17 de mayo, desde el Campo Base en Rongbuck al CBA (16,30 kilómetros en 4 horas, 3 minutos y 28 segundos). Son dos rutas de aclimatación, pero confirman que el alpinista catalán tenía efectivamente el reloj en su muñeca. Si también lo llevaba puesto en la cima callará muchas bocas.

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