Noche mágica y un equipo perfecto

El equipo regresó a la pista para saludar a su público y agradecer su apoyo


SANTIAGO / LA VOZ

Moncho Fernández fue el primero en abandonar la pista de Sar. Quiso dejarle todo el protagonismo a sus jugadores. Nada más concluir el partido y confirmarse la permanencia una campaña más del conjunto compostelano, el de Pontepedriña se fue hacia el túnel de vestuarios apretando sus puños y saludando y aplaudiendo a la hinchada. Eufórico, emocionado, casi con lágrimas en los ojos y con la satisfacción del deber cumplido, el técnico volvió a hacer brillar a un equipo que lucha cada curso en inferioridad de condiciones y que cada año repite entre los grandes.

Mientras el entrenador se iba hacia el vestuario para abrazarse a su equipo técnico, los jugadores bailaron en el centro de la pista y soltaron todo su estrés al ritmo de la música. Poco a poco se fueron retirando, pero Artem Pustovyi se quedó un poco más, al igual que Nacho Llovet. El ucraniano se subió a la grada y saludó a una afición feliz, volcada y que no paró ni un segundo de animar a los suyos. Una vez más, la grada se ganó la matrícula de honor.

Con gritos de Obra, Obra, la hinchada obligó a sus ídolos a regresar a la pista. Los obradoiristas volvieron unos minutos después, saltando, bailando y con los brazos en alto. Todos se subieron a la grada y dieron la vuelta a la pista saludando a una afición que estaba como loca tras el éxito alcanzado.

También apareció Moncho Fernández, con sus hijos en brazos, un poco más relajado y con una larga sonrisa en su rostro. Para todos los protagonistas fue un momento especial, pero tal vez más para el de Pontepedriña, un hombre de la casa, un compostelano que triunfa en su tierra. 

Saber sufrir

Al final, los jugadores pudieron refugiarse en el vestuario, en donde los gritos de alegría se sucedieron. En plena celebración apareció el presidente, Raúl López, que saludó uno a uno a los integrantes del plantel. El máximo mandatario casi no tenía palabras para resumir una intensa campaña, una temporada con muchos sobresaltos y con grandes dificultades.

El Obra sabe sufrir. Lo demostró a lo largo de sus siete campañas (seis consecutivas) en la liga de las estrellas, en una de las competiciones más fuertes y de mayor nivel que existe en el mundo del baloncesto. El cinco compostelano se quedará un curso más entre los mejores. Lo volvió a conseguir y esta vez fue a falta de dos jornadas. La plantilla estaba muy mentalizada para salvarse con sangre, sudor y lágrimas en el último segundo, pero lo cierto es que al colectivo que prepara Moncho Fernández ahora le sobran dos partidos.

Fue una noche mágica, con un equipo perfecto y con una afición que desde la grada anota triples. «No hay palabras. Desde la primera jornada no pararon de animar. En el primer partido, perdiendo de veinte, con la lesión de Corbacho, nos despidieron con una gran ovación. No abandonaron el pabellón a pesar del resultado», recuerda Nacho Llovet, que agradece el gran apoyo de «una hinchada perfecta». Por eso, lo de ayer no le sorprende. Tampoco a Txemi Urtasun: «Ya vine aquí como visitante a jugar partidos importantes, y se sentía este público. Ahora, siendo local, pues mucho más. Este ambiente es fenomenal».

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