«Me gustaría ganar un ironman»

Hawái, la meca de la larga distancia no le impresionó. Saleta Castro se queda con Lanzarote o Pontevedra


Es mediodía y llega después de haber nadado 4.000 metros. Lo normal, dice. «Mañana es peor, que tengo que hacer 180 kilómetros de bici», añade. A uno le duele todo el cuerpo solo de pensar en sus entrenamientos. Y, en cambio, cuando ella lo cuenta, sus ojos no pueden ocultar cuánto disfruta con ello.

-¿Cómo le dio por el triatlón?

-Yo hacía salvamento acuático, pero al entrenador le gustaba que combinásemos la natación con carrera y otro tipo de entrenamientos. Y él ya veía que, cuanta más caña me metía, mejor para mí, que me adaptaba bien. Y como vio que me desenvolvía muy bien, decidió llevarme a un acuatlón, me gustó, y repetí. Y gracias a Manuel Cruces, que me cedió la bicicleta y el material para competir, disputé mi primer triatlón en Ribadeo y hasta hoy.

-Ahora el triatlón ya es «mainstream», pero cuando usted empezó, ¿se sentía un bicho raro?

-La verdad es que había muy pocos triatletas, pero tuve la suerte de que el triatlón empezó a ser olímpico en el año 2000 y yo hice mi primera prueba en el 2001, cuando ya se empezaba a conocer un poco. Pero sí que es cierto que en el instituto y con mis amigos, cuando les decía que iba a hacer un triatlón o un acuatlón, no tenían ni idea de qué era.

-Mencionaba antes a Manuel Cruces, uno de los pioneros del triatlón en Galicia, como una de las personas que le acercaron a este deporte. ¿Se siente usted también una pionera?

-Como decía antes, cuando yo empecé, ya había alguna gente que hacía triatlón. Iván Raña, de hecho, ya era campeón del mundo. Pero, en Pontevedra, quizá sí. Entonces, cuando yo salía en bicicleta o iba a correr por el parque, era casi imposible ver a una mujer haciendo lo mismo. Y ahora, en cambio, ya hay un montón de gente haciéndolo. Así que, sí, quizá pude motivar a otra gente para hacer triatlón, pero no lo sé.

-¿Cómo recuerda esos inicios?

-Después de mi primer triatlón, en Ribadeo en el 2001, ya me propusieron entrar en el centro de tecnificación de Pontevedra. Era el primer año que había triatlón, eramos solo cinco y yo era la más joven. Y la experiencia fue buena, aunque dura, porque yo venía del mundo del salvamento acuático y el atletismo pero nunca había hecho ciclismo. Pero bueno, los resultados fueron positivos, ya que en mi primer año ya fui al campeonato de Europa.

-El triatlón le ha llevado a competiciones por todo el mundo. ¿Eligió este deporte como una buena excusa para viajar?

-No, eso comenzó hace cuatro o cinco años. Antes, cuando competía en distancia olímpica, viajaba solo con la selección española a competiciones y concentraciones, pero entrenaba casi siempre en Pontevedra. Pero desde que me pasé a la media y larga distancia me gestiono yo todo, busco las competiciones y los sitios para entrenar. Y eso me ha permitido salir más de Pontevedra y la verdad es que me va bien.

-¿Echa de menos Pontevedra cuando está fuera?

-Hombre, cuando llevo mucho tiempo fuera sí que se echa de menos. Y, sobre todo, valoro más lo que tengo aquí. Como en Galicia no se vive en ningún lado.

-El año pasado debutó en el mítico triatlón de Hawái. ¿Fue tal como lo imaginaba?

-Sí y no. Lo había visto tantas veces en Internet, en televisión, en vídeos, que, cuando llegué allí, aunque es todo igual a como lo veía, reconozco que me esperaba un poco más de feeling con la prueba, más emoción. Creo que era algo que había imaginado tantas veces que cuando llegué allí tuve una sensación rara, de ‘ya está’. Se puede decir que Hawái no me llenó como esperaba.

-De las tres disciplinas de su deporte, si tuviese que elegir una, ¿con cuál se quedaría?

-No puedo elegir, ¿por qué tendría que hacerlo?. Cuando estoy muchos días sin nadar, necesito hacerlo, y lo mismo me pasa con salir a correr por la montaña, o con la bici... Son mis tres deportes favoritos y no podría vivir sin ninguno de ellos, me aportan sensaciones diferentes.

-Piensa alguna vez en qué hará dentro de, por ejemplo, diez años?

-Uf, ahora que estoy camino de los treinta, me empiezo a plantear que dentro de cinco o siete años esto se acabará. Y los últimos siete años, desde que empecé a hacer larga distancia, me han pasado tan deprisa que creo que, lo que me quede, se me pasará igual de rápido. Pero no, la verdad es que no pienso en qué haré, pero sí que quiero seguir haciendo triatlón, que aún no llegué a mi tope y que tengo unos años por delante para seguir trabajando duro y alcanzar las metas que me marco. Y después sí que me gustaría seguir vinculada al deporte, pero ya veremos qué pasa.

-¿Cuáles son esas metas todavía por cumplir?

-Me gustaría ganar algún ironman, aunque sé que es difícil porque tiene que salir todo perfecto el día de la competición. No me planteo si este año, el que viene o dentro de tres, pero sí quiero pelear no solo por el podio, sino ganar, porque cuando fui a Hawái era de las pocas participantes que no había ganado un Ironman.

En corto

Lo de ver la vida pasar no va con ella. Así que, cuando no entrena o compite, tampoco esperen encontrarla sentada en un sofá.

-¿Tiene Saleta Castro algún ídolo o referente?

-Ídolos no, pero hay muchos deportistas en los que me fijo. Javier Gómez Noya o Iván Raña, por ejemplo, a los que conozco bien. Pero son una referencia no en el sentido de querer parecerme a ellos, sino en cuanto a motivación, porque siempre están al máximo nivel y con ganas de entrenar. Tengo la suerte de convivir con ellos a menudo y veo que también tienen días malos, y son capaces de tirar hacia delante y seguir siendo de los mejores del mundo.

-¿Y fuera del triatlón?

-Pues... no. Bueno, te podría decir Peter Sagan, el campeón del mundo de ciclismo, porque es carismático y, aparte de ser buen corredor, entiende que hay que transmitir y llegar a la gente.

-Recomiéndeme una película.

-Una de mis favoritas es The Guardian, porque es una película sobre nadadores de rescate de Canadá y el salvamento fue mi primer deporte.

-¿Un lugar para vivir?

-Pues no me puedo quedar con uno solo. Pontevedra y Lanzarote. Necesito los dos.

-¿Y uno para perderse?

-Los Picos de Europa. Diría Galicia, pero aquí no me pierdo.

-Las vacaciones de sol y playa, entonces, le parecerán un aburrimiento...

-Un día o dos me gustan, pero después me aburro. De hecho, en mis últimas vacaciones metí a mi pareja a caminar ocho horas por la montaña y casi me mata.

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