Ana Peleteiro: «La lesión me hizo pensar en dejarlo»

Después de superar un duro bache, la ribeirense ha vuelto con energías renovadas y mostrando su talento competitivo


Ribeira / la voz

Ana Peleteiro (Ribeira, 1995) es otra. Se le ve en los ojos cuando desgrana su presente y cuando echa una mirada al pasado. Ha vuelto a reengancharse al atletismo, del que habla con pasión y con una sonrisa en la boca, y lo ha hecho por la puerta grande. En menos de un mes ha alzado dos títulos nacionales, ha conseguido su mejor marca personal, la segunda española de todos los tiempos, y se ha quedado a once centímetros del bronce en el último Campeonato de Europa.

-¿Qué ha cambiado?

-Empezar a entrenar con Iván Pedroso fue impresionante. Desde el principio me puso las pilas, me dijo que tenía hasta marzo para demostrarle que me apetecía entrenar fuerte y centrarme en el atletismo. No me exigía una marca, pero sí rendimiento. Tener esa presión me obligó a darlo todo. A pesar de eso, siempre fue muy cuidadoso por la lesión. Él también tenía miedo a que me lesionase. Fuimos poco a poco, dedicamos 2-3 meses en recuperar el pie, y eso me ayudó a reforzar otras zonas que tenía débiles. Gracias a eso completé la temporada sin ningún tipo de molestia. No había competido tanto desde infantiles y pensaba que no iba a aguantar, pero me sorprendí. No me salían grandes marcas, pero las sensaciones eran mejores. Al final salió lo que sabía que iba a salir.

-¿Qué pasó en el nacional?

-La arena no estaba bien rastrillada y me llevé un golpe en el sacro. Estuve la semana anterior al Europeo entrenando muy poco. No podía correr fuerte, me dolía. Me dije, llegué hasta aquí y una caída no me va a fastidiar la temporada. Tenía dolores, pero la emoción por competir era más fuerte.

-Después de alcanzar en el Europeo los 14,20 no pudo retener las lágrimas.

-No sabía que era tan largo. Pensaba que era un 14,05 hasta que vi que había logrado mi mejor marca personal. Estoy muy contenta. He pasado cinco años pensando que estaba entrenando al 100 % y a lo mejor no estaba ni al 60. Ahora, que me esforcé, que me cuidé, que no salí, fue una liberación después del sacrificio.

-¿Cómo valora el torneo?

-En la final sabía que iban a saltar más y que a mí me afectaría el cansancio. Ellas están acostumbradas a hacer semifinal y final. Estaba cansada, me dio un bajón de azúcar y no tenía nada que comer más que unos chicles. Pagué la novatada. En el último salto conseguí sacar la rabia y meterme en la pelea por las medallas, pero fue nulo por muy poco. Terminé insatisfecha, pero con buen sabor de boca. Era la más joven. En el siguiente Europeo tengo que estar haciéndoles temblar las piernecitas [risas].

-¿El siguiente objetivo?

-Volvemos a la pretemporada y toca entrenar duro. Correr mucho y esas cosas que a los saltadores no nos gustan. Tenemos la Diamond League. Aún hay que confirmar alguna prueba, pero después del europeo creo que entraré. Todo pinta muy bien, después de conseguir la mínima para el Mundial respiro de otra forma. Ahora vamos a poder afinar, como hicimos para el Europeo.

-Volviendo a la lesión, ¿cómo vivió esa etapa?

-Mal, la lesión me hizo pensar en dejarlo. Era un dolor muy duro. Sufría andando, en cama, me dolía siempre. Decidí no quitar el quiste, confié en el doctor Guillén. Me dijo que entrenase aunque me molestase. Según iba trabajando con Iván disminuía. Me decía que tenía que aprender a entrenar con ello, que si no estaba acostumbrada a someter mi cuerpo a dolor, cuando me pasase en una competición, el cuerpo me diría: hoy no vas a saltar. Me fui acostumbrando poco a poco y, de repente, un día, mi cabeza hizo clac y nunca más me volvió a doler.

«Fue duro pasar de ser una niña anónima a tener a tantas personas encima»

Cinco años después de haber conseguido aquel Mundial que la lanzó al estrellato, Peleteiro recuerda lo que supuso para ella.

-¿Alguna vez pensó en que quizás hubiese sido mejor no haber logrado aquel salto?

-Fue duro pasar de ser una niña anónima a tener tantas personas encima. Pero forma parte de mi vida, si eso no hubiese pasado, sé que hoy no sería la mujer fuerte que soy.

-¿Cómo vivió no haber podido competir en los Juegos de Río?

-Me fui a Lisboa para preparar los Juegos. Sabía que en Madrid no estaba bien psicológicamente y no podía dejar que me afectase. Tuve mala suerte, pero por eso tampoco me voy a venir abajo. Hay más olimpiadas. El atletismo es un deporte en el que con 20 años aún eres muy joven y la edad no me preocupa. A veces miro atrás y pienso que ya podía haber estado en dos Juegos, pero eso solo me hace más fuerte de cara a los próximos.

-¿Cómo le ha cambiado la vida con Iván Pedroso?

-Somos una pequeña familia. Nadie es de allí, todos somos extranjeros. Hacemos mucha piña y nos ayudamos los unos a los otros. Iván tiene experiencia, es experto en ganar Mundiales en el último salto. La motivación que me ha dado no la he recibido nunca. Nunca pensé que iba a entrenar con él, pero fue la mejor decisión de mi vida.

-¿Le reenganchó al atletismo?

-Si, de hecho, en la primera competición me pregunté a mí misma: ¿Quiero hacer esto? Pero cuando estás en la pista es como si Iván estuviese contigo. Yo no contaba con entrar en la final del Europeo y cuando terminé me acerqué a él y me dijo «yo ya sabía que ibas a entrar en la final, pero si te hubiese avisado no habrías hecho ese salto».

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