La volea de Zverev mata a Murray

Con 118 subidas a la red, el verdugo del escocés reivindica un estilo relegado por la ralentización de las pistas


La sorprendente eliminación de Andy Murray en octavos, sumada a la anterior de Djokovic en la segunda ronda, dejan el Open de Australia sin sus dos primeros cabezas de serie. Cualquiera de los jugadores que siguen en liza aspira ahora a ganar el primer grand slam del año. Y lo curioso es que las derrotas de los dos jugadores que dominan el tenis mundial se produjeron ante rivales de su misma generación y de un nivel medio, sin nada especialmente relevante en sus trayectorias como profesionales, Denis Istomin y Mischa Zverev.

La derrota de Murray ante Zverev (7-5, 5-7, 6-2 y 6-4) constituye una vuelta al pasado, cuando la distinta velocidad de las pistas posibilitaba una mayor variedad de estilos. Entonces, los voleadores podían imponer su juego a los especialistas de fondo. Así era en la época dorada del tenis australiano con Laver, Emerson, Newcombe… Y en las más recientes con McEnroe, Edberg, Becker, Sampras o Rafter. La igualdad de las superficies en una velocidad intermedia y la enseñanza resultadista a corto plazo a los jóvenes, con una menor importancia en el aprendizaje de la volea, llevó al tenis a prescindir en los últimos años de una variedad de juego sumamente atractiva para el público. Esa idea propició duelos épicos entre estilos de juego antagónicos, como los McEnroe-Borg o los Sampras-Agassi.

En los últimos años, salvo Federer, ninguno de los mejores jugadores utilizaron un juego de approach-volea o de saque-volea. Y menos mal que al suizo le despertó Stefan Edberg hace unos años parte de su instinto agresivo perdido, y le convenció para volver a utilizar todo su potencial de ataque, para acabar así muchos más puntos en la red.

Falsos mitos, como con la dejada

Al igual que antes sucedió con la dejada, en muchos foros tenísticos se argumentaba que el ritmo actual era tan alto que no permitía subidas a la red, y las hacía ineficaces. La vuelta al juego agresivo de antaño de Roger, la creciente proliferación de jugadores que buscan acabar los puntos en la red, la supervivencia de Stepanek -todavía difícil rival a sus 38 años con ese estilo de juego-, y la exhibición ofrecida ayer por Mischa Zverev en la Rod Laver Arena desmontan esa argumentación.

El mayor de los hermanos Zverev demostró ante Murray que cuando se domina la técnica del approach y la volea y se tiene sincronizado un buen saque con subida para rematar el tanto en la red se puede poner contra las cuerdas a cualquiera. Zverev sabía que si se quedaba en el fondo no tenía opciones y subió 118 veces a la red, con un porcentaje favorable de puntos ganados ante un Murray incapaz de lucir sus dotes de golpeador.

Remontada de Federer

En esa parte alta del cuadro destacó la extraordinaria victoria de Roger Federer ante Kei Nishikori (6-7 (4), 6-4, 6-1, 4-6 y 6-3). Si había maravillado ante Berdych, frente al japonés ofreció otra lección de técnica y plasticidad, con el mérito adicional de desarbolar físicamente a un rival 8 años más joven. Podrá estar el 1 o el 17 del ránking, pero sus partidos aseguran al público un espectáculo que amortiza con creces la entrada. Tras 6 meses fuera de competición, y a sus 35 años, Roger encara unos cuartos de final ante Zverev con todas las aspiraciones de lograr su decimoctavo grand slam. Si vence, vería en semifinales al vencedor del duelo entre Wawrinka y Tsonga. El primero lleva tres años ganando un major por temporada desde que derrotó a Nadal en Australia 2014. Irregular, está consiguiendo su mejor rendimiento en los grandes. Al francés, por su parte, se le da bien Melbourne, donde se dio a conocer al gran público alcanzando la final en el 2008 y la semifinal en el 2010, y es consciente de que está ante una gran oportunidad para lograr el mejor resultado de su carrera.

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