A Villar no le puede salir gratis


Villar ha llegado al 2017 en plena decadencia como dirigente, bajo sospecha en los juzgados y carente de credibilidad. Pero ha llegado. Con su desprestigio a cuestas, se sigue aferrando a la presidencia de la Federación Española de Fútbol, una institución que ha instrumentalizado a niveles obscenos. E intentará garantizarse su continuidad hasta como mínimo el 2021, lo que supondría un incremento exponencial del daño que ya ha causado al fútbol español. Porque a Villar, a tenor de su proceder, lo último que le importa es la salud del fútbol.

Si no fuera porque estamos en un país en el que la indecencia campa a sus anchas más de la cuenta, sería impensable imaginar un nuevo triunfo suyo en las elecciones que algún día habrán de celebrarse. De ganar de nuevo, lo hará habiéndose reído del estado de derecho y proclamando que el fútbol está por encima de los países y de sus normas. Es muy triste, pero en España, donde la buena y la mala hierba se mezclan con una naturalidad que asusta, se hace verosímil la opción de victoria para uno de los personajes que más ha hecho en los últimos tiempos porque se comprenda el significado de la inmoralidad.

Ya metidos en enero del 2017 no se acaba de vislumbrar cuándo se celebrarán de una vez las elecciones a la presidencia de la federación. En cualquier caso, las habrá más de un año después de cuando legalmente se deberían haber celebrado. Es decir, van a tener lugar cuando a Villar le dé la real gana, siendo lo peor que existen serias posibilidades de que le salga gratis haberse reído de todos. Y aquí es donde deberíamos hacérnoslo mirar. Si un presidente de federación deportiva le gana un pulso al Estado, es que nuestro Estado es débil. 

Cardenal

Antes era Cardenal a quien Villar intentó demonizar. Y logró en parte su objetivo de esconder su insumisión para con la ley española detrás de una cortina de humo en la que aparecía el secretario de Estado para el Deporte saltándose sus competencias para intentar gobernar el fútbol español. Pero ahora ya no está Cardenal. Y es Lete el que ha comenzado a probar lo que significa tratar con él.

Si a Ángel María Villar le seguimos dedicando cariñosas sonrisas cada vez que decide que no se somete al marco legislativo español, tendremos lo que nos merecemos, un Estado mediocre e indigno de la ciudadanía a la que se supone protege y sirve. Al presidente de la Federación Española de Fútbol no le debe salir gratis todo lo que está haciendo. Sería muy descorazonador.

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