Una artroscopia y un cumpleaños, el azar que salvó a Martiluccio y Boeck del accidente aéreo de Colombia

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Fernando Bizerra Jr. | EFE

El césped del Arena Condá recibió a los familiares de las víctimas y a los jugadores que no habían viajado ante un hinchada desgarrada

30 nov 2016 . Actualizado a las 12:26 h.

Sin todavía creérselo, el delantero argentino Alejandro Martinuccio y el arquero brasileño Marcelo Boeck salvaron sus vidas del accidente que acabó con la de casi todos sus compañeros del Chapecoense gracias a una serie de casualidades que impidieron a ambos subirse al avión. Hace dos meses unos problemas en la rodilla obligaban a Martiluccio, el único extranjero de la plantilla, a decir adiós a la temporada y a disputar la final de la Copa Sudamericana ante el Atlético Nacional, la primera en un torneo internacional para este humilde equipo brasileño.

«Me hicieron una artroscopia en la rodilla y por esta causa no estaba bien físicamente y no viajé», afirma sobre el césped del Arena Condá, en la ciudad de Chapecó, sede del equipo, donde recibió junto a familiares de las víctimas la ovación cerrada de una hinchada desgarrada por la noticia. Una suerte que comparte con otros siete de sus compañeros, quienes tampoco viajaron en el avión de la aerolínea boliviana Lamia que tomaron sus otros 19 compañeros de la plantilla, más el cuerpo técnico, directivos del club y una veintena de periodistas.

El ex del Villarreal, Peñarol, Cruzeiro y Fluminense, entre otros, se quedó vacío cuando se levantó por la mañana y vio las decenas de llamadas desesperadas que trataban de localizarle y se enteró de la noticia. «Estoy en shock, es difícil, triste. Es llorar y no parar de llorar y acordarte de cada compañero porque el equipo es chiquito y conquistó una plaza en una final que nadie podía creer. Se formó una familia, una unión y ahora nada», relata el futbolista, de 28 años.

El avión, un Avro Regional RJ85, llevaba 77 personas a bordo y se declaró en emergencia en la noche del lunes a las 22.00 hora local por fallos eléctricos cuando se aproximaba al Aeropuerto Internacional José María Córdova de Medellín. «Uno se levanta un martes pensando que todo va a estar bien y al final pasa esta tragedia que nadie se lo esperaba», se lamenta Martiluccio, que fichó hace un año por el Chapecoense.

PAULO WHITAKER | REUTERS

Con los ojos vidriosos, el futbolista recuerda que «muchos de los jugadores tenían hijos y otros estaban por ser papás», una situación parecida a la suya, pues está casado y es padre de tres hijos, pero con un desenlace muy diferente. Al portero Marcelo Boeck le salvó la fecha de su nacimiento, el 28 de noviembre de 1984, el mismo día de la tragedia.

Después de nueve años como profesional en Portugal en clubes como Marítimo o Sporting de Lisboa, el talludo cancerbero cuenta a Efe que «hacía dos meses que no jugaba» por decisión de su entrenador, Caio Júnior, quien sí estaba a bordo junto con el resto del cuerpo técnico. Boeck solicitó un permiso del club para celebrar su cumpleaños, que le fue concedido y le permitió quedarse en su casa y disfrutar de su familia en su día.

«En este momento está muy difícil porque quien sobrevivió tiene un peso muy grande», declara. Pese a haber llegado en el último mercado de fichajes, Boeck deja en ese avión «muchos amigos» que comenzaron su trayectoria junto a él en las categorías inferiores de otros clubes. «Y ahora nos juntamos y formamos una verdadera familia y pasa esto...», expresa con tristeza.

Fernando Bizerra Jr. | EFE

El destino quiso que se despidiese de la mayoría de ellos ya que muchos de sus compañeros le felicitaron por WhatsApp en su camino sin retorno hacia Medellín. «Me enviaron felicitaciones, me acosté y me desperté a las tres y media de la mañana con llamadas en mi móvil para saber si estaba bien», cuenta Boeck.

El volante Andrei Alba, por su parte, regresaba hace poco de su cesión en el Concórdia, club de la segunda división del campeonato de Santa Catarina, estado en el que se ubica Chapecó, en el sur de Brasil. «Al estar prestado, cuando volví no tenía espacio para disputar la Copa Sudamericana y por eso me quedé en Chapecó», reconoce.

Alba representa hoy la esperanza de un club que lo ha perdido todo en el momento más dulce de su historia desde su fundación en 1973, así como la entereza de una afición que llenó el estadio pocas horas después de la tragedia al grito de «con mucho orgullo y mucho amor». «Somos todos amigos, somos todos familia», refleja Alba.