Un secretario de estado con valores


Se va. Miguel Cardenal deja la presidencia del CSD. Renuncia a un puesto muy deseado en un país como España, en el que el deporte no es un asunto banal. Y lo hace tras un período de casi cinco años en el que ha contribuido decisivamente al cobro de la deuda del fútbol a Hacienda, al saneamiento de los clubes, a la aprobación del decreto de venta centralizada de derechos de televisión, a la fiscalización de las federaciones y al reparto justo de dinero en tiempos de recortes.

Su legado es extraordinario e increíble para un espacio de tiempo tan corto. Quizá para el propio Cardenal no haya sido tan corto, porque la realidad es que su mandato ha estado trufado de mil y un problemas. Por el camino ha tenido que emplearse a fondo y su enfrentamiento con dirigentes bajo sospecha ha sido épico. Dicen que se va con sensaciones contradictorias. Satisfecho por las conquistas logradas, orgulloso por haberse mantenido firme en su camino y feliz por ser él quien deja el cargo y no el cargo el que le deja a él. Pero también aseguran que está agotado, hastiado y decepcionado. Que la virulencia con la que se han defendido federativos como Villar o Escañuela, por ejemplo, le ha consumido demasiadas energías. Le han atacado en público y en privado. Le han difamado, insultado y sobre todo, le han intentado manchar algo que Cardenal aprecia especialmente: su sentido del honor y su entrega incondicional en la defensa de la legalidad.

Quizá, quien mejor describió a Cardenal fue Villar en unas declaraciones realizadas nada más ser nombrado secretario de estado: «Yo conozco muy bien a Cardenal. Un poco no, un mucho. Sé que es un hombre que sabe escuchar. Es un hombre con grandes conocimientos. Un hombre con unos grandes valores... aunque hoy esto de los grandes valores parece que no se estila mucho. Y es un hombre capaz y estoy seguro de que va a hacer mucho bien al deporte español».

Efectivamente, Cardenal ha sido un hombre de valores, pero no de los valores del presidente de la RFEF, sino los de la Ley y la honestidad.

Su marcha no es un triunfo de Villar. Todo lo contrario. Se va y seguirá su carrera, mientras que a Villar, más pronto que tarde, le van a echar de la federación porque Cardenal le ha puesto en la rampa de salida.

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