La reválida de Inés Santiago

Triatlón Después de haber quedado cuarta en el pasado Mundial júnior de Cozumel, afronta la temporada de su salto a la distancia olímpica


No hay un lugar en España que encierre tanto talento para el deporte. A un paso de Moncloa, cerca de la entrada de Madrid desde la A-6, la autopista por la que se viaja desde la capital a Galicia, la residencia Joaquim Blume permanece en un profundo silencio. Es madrugada en mitad de septiembre. Al fondo de un pasillo, en el primer piso, se ve algo de luz. En la habitación 119 la televisión está encendida. Sara Guerrero se mueve inquieta encima de la cama. Su mejor amiga, la compañera inseparable que vive en la puerta de enfrente, realiza los últimos gestos antes de tirarse al agua para disputar el campeonato del mundo júnior de triatlón.

Para Inés Santiago (Ferrol, 1997), el de Cozumel no es su primer mundial. El año pasado ya había quedado en un meritorio décimo tercer puesto, el mismo que Sara Guerrero predijo que haría. En esta ocasión, le ha asegurado que estará en el podio. Y casi lo clava. Se quedó a un segundo. En un esprint alocado con la coreana Jeong, a la que llegó a superar a poco de la meta, las piernas y los pulmones le pidieron una tregua. Al fin y al cabo, la cuarta plaza, después de lo que había sufrido en el sector de bicicleta, donde estuvo a punto de descolgarse del grupo de favoritas, no era un premio menor. Esa posición certificaba que es una de las grandes promesas del planeta en el universo de las tres disciplinas, que lidera esa nueva generación de mujeres en el triatlón español que ha crecido bajo la alargada sombra de Iván Raña, Javier Gómez Noya o Ainhoa Murua y en la que también aparecen nombres como el de la pontevedresa Carmen Gómez Cortés.

«La verdad es que esta temporada me da un poco de vértigo». Después de tres semanas de reposo, mañana pone rumbo a la Blume. Le toca volver a empezar. Moldear su cuerpo, perfilar sus músculos y afinar el organismo una vez más. «Dejo de ser júnior, ya soy sub-23 y eso significa competir en distancia olímpica (1.500 metros a nado, 40 kilómetros sobre el sillín y 10 finales de carrera a pie; el doble de lo que hacía hasta este momento). Solo hice uno y acabé andando, con un flato terrible? fue horrible, pero supongo que todo será acostumbrarme... estoy algo asustada, pero, a la vez, tengo muchas ganas de enfrentarme a este desafío».

La competitividad es una de sus mayores virtudes. Fue la que la llevó, casi por casualidad, a descubrir el triatlón. «Hacía natación sincronizada, pero apenas competíamos. Y veía que mis hermanos participaban en carreras populares y se lo pasaban muy bien. Eso me animó a probar». Su estreno a pie fue en el 2010, en el Memorial Adolfo Ros, con apenas 13 años. Daba la salida de la prueba un personaje ilustre: Javier Gómez Noya. «Aún guardo alguna foto con él, aunque entonces no tenía ni idea de lo que era el triatlón». Aguantó otro invierno en la piscina y luego se enroló en la escuela del Triatlón Ferrol, donde Jaime Ruiz fue su primer entrenador. De ahí, saltó de inmediato al Centro Galego de Tecnificación Deportiva de Pontevedra. Jonathan Cancela se encargó de pulirla durante tres temporadas cuando Inés Santiago decidió su desembarco en Madrid. Sergio y Benito de Torres y Adrián Ruano vigilan ahora su puesta a punto. Y de esta forma, desde Ferrol y prácticamente sin quererlo, acarició en el Caribe un podio en un Mundial.

«Hablar ahora de los Juegos es difícil. No sé si seguiré progresando a esta velocidad» 

Una de las claves para que Inés Santiago finalizase a un suspiro del cajón bajo el calor de Cozumel es el salto de calidad que ha dado en el sector a pie, en los últimos 5.000 metros. «El grupo de entrenamiento que tenemos en Madrid destaca por su nivel de carrera y eso ha hecho que yo me adaptase a esta intensidad. Me costaba acabar a su ritmo, pero al final lo logré», comenta. «Tiene las ideas muy claras. Cuando se marca un objetivo, lo deja todo por conseguirlo», apunta Sara Guerrero, quien agrega: «En la bici le falta por subir un peldaño, pero gracias a que suele hacer el corte a nado no lo sufre tanto». Su compañera y amiga confirma que el golpe de pedal es lo que más se le está atragantando: «El del Mundial fue el peor sector de ciclismo del año para mí. Sólo pensaba: ‘¿Inés, de verdad, te vas a quedar del grupo del campeonato del mundo después de la temporada que llevas?’. Sabía que si fallaba, no iba a tener ninguna opción. Salí de la transición retrasada, pero, poco a poco, fui remontando hasta estar luchando por la tercera posición».

«¿Tokio? Hablar ahora de los Juegos es difícil. No sé si seguiré progresando a esta velocidad. El deporte no son matemáticas y ojalá continúe mejorando, pero me encantaría estar... por su puesto», reflexiona. No en vano, la campeona olímpica en Río, Gwen Jorgensen, es su referente, a la deportista que vigila con lupa en su carrera hacia la élite.  

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