Vicente del Bosque: «No he visto repetida la final del Mundial»

Todo es sencillez a su alrededor, cuando recuerda los éxitos o episodios como el de Casillas

Los recuerdos gallegos de Vicente del Bosque Entrevistamos al que fuera seleccionador nacional de fútbol con motivo de su visita a Santiago para recoger el título de Embajador vitalicio del Camino

Vicente del Bosque ganó el Mundial, la Eurocopa, la Champions, la Liga... Y parece que pasaba por allí, sin hacer ruido.

-¿Un vestuario es un ecosistema muy frágil?

-Hay algo de leyenda. Hay algunas singularidades en relación a otras profesiones. Son muy jóvenes, tiene mucho eco lo que hacen, no hay anonimato y más en el momento que estamos ahora, en el que lo que vende son los extremos, o muy malo o muy bueno, sin término medio. Solo juegan once. Pero, en líneas generales, la esencia de un vestuario ni ha cambiado con el paso del tiempo ni debería cambiar. Todos somos personas, aspiramos a lo mismo, y cuanto más unidos y solidarios seamos con un objetivo común, mejores seremos.

-En la última Eurocopa daba la impresión de que estaba usted más incómodo, más tenso.

-¡Que va! Al contrario. Hemos sido aún mucho más cuidadosos en esta etapa final. Sabía que iba a ser lo último que iba a hacer y quieres terminar cumpliendo mucho más. En la fase final, tanto de Brasil como de Francia, no podemos presumir. Sin embargo, las fases de clasificación, las cuatro que hemos jugado, han sido casi impecables. Hemos jugado 36 partidos, ganado 33, empatado dos y perdido uno, en el último minuto, contra Eslovaquia.

-Ese desencuentro final con Casillas... ¿Qué sucedió?

-Hemos tenido una buena relación desde niño. Hay un aprecio especial a Iker. Tenemos algo en el debe, pero tenemos mucho en el haber con él. Ha sido un jugador extraordinario para el Real Madrid, que le ha ahorrado mucho dinero y ha tenido un comportamiento siempre muy bueno, y hay que valorarlo. ¿Que pasó? Todo se sustancia en que no jugó, y al no jugar se sintió dolido. Seguramente a nosotros nos faltara tacto para hablar con él. En la sustancia, creí que eso no era necesario, que él tendría que admitir la situación. No fue nocivo para el grupo, en absoluto. Tuvo un comportamiento genial para los compañeros. Es una cosa borrada. Me quedo con todo lo muy bueno que hemos vivido.

-¿Diría que en España, en la derrota, nos creemos más de lo que somos y en la victoria no nos creemos mejores sino que casi es más por demérito de otros?

-Eso son síntomas claros de antideportividad. La obligación es competir. Solo gana uno. Lo más normal es que se pierda. Ese síntoma de antideportividad, que creo que nos acompaña, no es bueno, y creo que estamos educando mal a la gente.

- Echando la vista atrás, ¿la etapa del Castilla es la más gratificante, sin la tiranía de la élite?

-El paso por el Castilla era el máximo al que podía aspirar, porque tenía la idea de ser un entrenador formativo. Y el Castilla es la élite de la formación. Nunca pensé que iba a entrenar en el fútbol profesional. Pero por avatares accedí, en noviembre de 1999, y estoy tres años y pico.

-Tres años sobresalientes y el Real Madrid le pone fin. ¿Le sigue doliendo lo de entrenador de perfil bajo?

-No me molesta. Sí fue una pequeña maldad en algunos casos. Con el paso del tiempo te das cuenta de que los clubes tienen que remover la tierra, que diría el señor Molowny, en busca de otras nuevas experiencias. Ellos pensaban que estábamos ya agotados. Creo que hubiéramos seguido ganando copas de Europa. Lo digo como lo siento, sin petulancia de ningún tipo. Es indemostrable. Creo que teníamos cogido el toque al equipo.

-Por cierto, desde su marcha, al Real Madrid le ha ido mejor con técnicos de su perfil que con otros más intervencionistas.

-Creo que esa intervención significa que están a favor del club. Parece que hay que estar encima de una tarima y que el que manda es el entrenador, y los demás no pintan nada. En mi opinión, el entrenador forma parte de un club, es seguramente el que tiene una mayor exposición pública, pero no es el que más manda.

-Igual que hay películas de culto, ¿un partido de culto, de esos que se revisan y no cansan?

-¿De un partido, dice?

-Sí. Imagino que la final del Mundial de Sudáfrica...

-Pues no la he visto repetida. Pero, de los que hemos jugado nosotros, creo que la final de Ucrania, la de Kiev, fue la mejor. Sin delanteros, sin nadie fijo, con casi todos centrocampistas... Jugamos muy bien en el aspecto defensivo y ofensivo.

-Muestra de que el fútbol admite todas las propuestas.

-Seguramente quien mirase la alineación antes del partido diría que cómo se puede ganar sin delantero. Y no solo ganamos, ganamos por cuatro goles.

«En Cedeira comíamos pote todos los días, carne gallega y pescado azul, comer y cenar»

En su etapa como jugador, cuando era todavía un juvenil, ya estaba en la rampa de despegue del Real Madrid. Han pasado más de cuarenta años, de una época en la que el club merengue organizaba en Cedeira algo parecido a los campus que proliferan hoy en día. Detrás de esa iniciativa había un propósito más nutritivo que formativo, si bien aquellas convivencias dejaron poso en quienes las vivieron en primera persona.

-¿Recuerda las expediciones del Madrid en verano, a Cedeira, para coger peso?

-Sí, sí. Sería en el 69, 70. Vinimos dos veranos un grupo de chavales que el club pensaba que podríamos llegar a ser jugadores de élite. Veníamos a fortalecernos, más que a engordar. Comíamos pote todos los días, carne gallega, pescado azul... Comer y cenar.

-¿Los percebes no entraban en la dieta?

-El alcalde tenía la delicadeza de invitarnos el último día a todos los que integrábamos la expedición. Fueron años entrañables, que recordaremos de por vida todos los que estuvimos allí.

-¿Volvían efectivamente fortalecidos?

-Creo que sí. Además, cogíamos ese sentimiento de gente del Madrid de toda la vida.

«El debate Messi-Cristiano es buenísimo para el fútbol español»

Entre Leo Messi y Cristiano Ronaldo, Vicente del Bosque se queda con el valor añadido que ambos dan a la liga española.

-¿El debate Messi-Cristiano es ficticio?

-Que va, es buenísimo para el fútbol español. Los dos son extraordinarios jugadores, cada uno en su estilo. Prestigian la liga española, sin ninguna duda.

-Si tuviera que quedarse con un equipo de época como su Madrid, el Barça de Guardiola, el Milán de Sachi, el Brasil de Tele Santana pese a caer en el Mundial 82... ¿Cuál escogería?

-También hubo un Manchester que eliminamos nosotros, que era muy fuerte, con Beckham y Giggs en las bandas, el Ajax de la época de Cruyff... Es muy difícil. El Brasil que nos enamoró a todos de Rivelinho, Tostao... No me quedaría con ninguno. Si eliges uno parece que estás despreciando a otro. No me posiciono.

-Decía Menotti que España tenía que decidir si quería ser toro o torero. ¿Ese debate está superado desde la Eurocopa del 2008 con el llamado tiki taka?

-Creo que es un modelo que los propios jugadores jóvenes que van viniendo lo asumen ya con naturalidad, y creo que no vamos a cambiar. No quiere decir que solo con eso ganamos. Tenemos que equilibrar con otras cuestiones que son muy importantes. Por ejemplo, con unas transiciones rápidas. ¿Cómo no va a existir en fútbol un contraataque, si es bellísimo? O un cambio de juego en largo, que no siempre juguemos en corto, que no solo haya pases de apoyo, que con un pase largo rompas una línea... Todo eso es necesario. Pero es verdad que tenemos un estilo, no sé si mejor o peor, pero que nos ha hecho ganar, cosa que antes no sucedía.

-¿Será difícil volver a reunir una generación como la que ganó dos Eurocopas y un Mundial?

-Nunca se sabe. Creo que vamos a estar en ese grupo de candidatos a ganar. Igual que nos pasa en las categorías inferiores, que no siempre ganamos, pero estamos en ese grupo que va a optar a los títulos.

«Soy relativamente austero, pero también tengo mi carácter»

Viendo la naturalidad con la que habla de fútbol y con la que atiende a quienes se le acercan no es difícil entender que no hay nada de impostura. Del Bosque no es de los que gritan. Susurra.

-Me gustaría traer a colación un cita que seguro que le sonará, porque la ha empleado en alguna ocasión: «La victoria y la derrota son dos tiranos en la vida del hombre. Conviene enfrentarlas con indiferencia». ¿Es filosofía de vida, o solo una manera de encarar el deporte?

-Creo que en cualquier actividad de la vida, no solo el deporte, todo se pierde y se gana. Eso te da una fortaleza emocional para relativizar las cosas. No hay dramatismo de ningún tipo.

-¿Cree usted que esa sencillez en la manera de conducirse le ha podido restar imagen?

-Soy partidario de la simplicidad en todo, en la dirección de un equipo, en todas las cosas que hagamos. Seguramente, el no adornar las cosas te puede perjudicar. Pero a mí no me ha ido mal. Y creo que nadie debe imitar a otros sino ser como es con naturalidad, con lo bueno y con lo malo.

-¿Diría de sí mismo que es un asceta?

-Bueno, no tanto... Ya me gustaría... Soy relativamente austero y tampoco ando mucho...

-Lo decía más en el plano de las emociones, no en el material.

-Puede ser. Pero también tengo mi carácter. Sobre todo, aquellos que tenemos que mandar un grupo, que estar en contacto con grupos tan diversos como el fútbol, debemos tener un equilibrio emocional, sin ser ni muy impulsivos ni que te vean débil.

-¿Alguna vez ha pegado un grito en un vestuario?

-Claro, imagino que sí, seguro.

-Cuesta creerlo.

-Creo que con gritos no se adelanta nada. Se avanza más desde el convencimiento, del dar ejemplo.

-¿Una comida para recomendar?

-Un buen cocido madrileño.

-¿Un libro?

-He leído últimamente bastante. Hay uno, que en inglés se titula How y va sobre eso, sobre cómo se consiguen las cosas, porque el cómo es muy importante. 

-¿Un pintor?

-Soy absolutamente profano ahí. Tengo un amigo que es premio del Banco Bilbao Vizcaya del año no se cuántos...

-¿Mantiene que el éxito sin honor es el mayor de los fracasos?

-La cita la he copiado de alguien. Es cierto. Lo que le decía, el cómo es muy importante.

-Seguro que o cuenta los chistes muy bien o muy mal. Diría que lo primero. ¿Se atrevería con uno corto?

-Mis hijos se ríen de mi porque siempre cuento el mismo.

-Adelante.

-Era un hombre que tenía mucho vello y le dice al doctor: ¿Qué padezco? Padece uzted un ozo. Es muy malo, lo siento. Joder, que vergüenza.

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