El misterio de Stamford Bridge


Inglaterra guarda alguno de los templos del fútbol mundial. En este sentido, Stamford Bridge, el estadio del Chelsea, no figuraría entre las catedrales. Sería más bien una iglesia o capilla. Hace algunos años, en la visita al campo de los blues mostraban dos grandes tesoros. Uno era el abrigo de Mourinho. El otro, la camilla en la que había sido atendido Wayne Rooney después de fracturarse la base del quinto metatarsiano del pie derecho, lesión que dejaba en el aire la participación del delantero en el Mundial del 2006. Era primavera, el torneo se disputaba aquel verano, y la fotografía imitando al jugador, tocándose el pinrel correspondiente con gesto doliente en la camilla de autos, era obligada. Lo cierto es que en aquella Copa del Mundo Rooney acabaría siendo expulsado ante Portugal por un pisotón a Carvalho en una zona muy sensible. Pero brillaba el sol en Londres y aquel desastre estaba por llegar. El guía del Chelsea contaba, más que satisfecho, que a los presentes les sería imposible conseguir una entrada para lo que quedaba de temporada. Todo vendido. Pero confesó que durante unos meses dos de aquellos cotizados asientos permanecieron vacíos jornada tras jornada. Procedió a contar la historia. El misterio picaba cada vez más con el paso de los partidos. ¿Se trataba de un millonario con agenda imposible que prefería el bullicio al palco? ¿Eran dos socios alejados del campo por alguna desgracia? ¿O dos indeseables que se habían convertido a la fe de otro equipo? Los aficcionados de los aledaños y los empleados del club se cocían en un hervidero de hipótesis. Pero un buen día, en pleno invierno, un padre y su hijo ocuparon aquellos sitios. Cuando terminó el encuentro, un trabajador del Chelsea se acercó a ellos y les preguntó por qué habían faltado al resto de encuentros de la temporada. «A mi mujer le encantan las sorpresas. Nos compró los abonos en septiembre, pero quería que fuera nuestro regalo de Navidad», explicó el padre con fastidio.

Recientemente, en una rueda de prensa de Guardiola, se planteó si la Premier es más intensa que la Liga española. Se puede discutir que sea el mejor campeonato del mundo o el más exigente. Pero lo que nadie puede negar es el enorme talento que tienen los ingleses para vivirla, sufrirla y, sobre todo, contarla.

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