Gómez Noya vuelve a empezar

Antón Bruquetas Serantes
Antón Bruquetas PONTEVEDRA / LA VOZ

DEPORTES

Iñaki Grilo

Después de tres meses recuperándose de la fractura que le impidió participar en los Juegos Olímpicos de Río, Javier Gómez Noya ha comenzado los entrenamientos ante la próxima temporada

17 oct 2016 . Actualizado a las 13:57 h.

El brillo de la mañana se refleja en sus ojos. La luz se derrama intensa y limpia como en aquel cuadro de Vermeer. Cae en diagonal como si hubiesen abierto una ventana un palmo por encima de su cabeza. Los gestos son relajados. Mientras sus zapatillas acarician el tartán del Centro Galego de Tecnificación Deportiva de Pontevedra, se mueve de forma armónica, en calma. Ya han pasado tres meses desde que todo hubiese saltado por los aires, desde que, de golpe, se encontró postrado en la cama de un hospital vestido con batín de enfermo y su brazo izquierdo escayolado. Un despiste a un suspiro de la casa que había alquilado en Lugo para preparar los Juegos de Río lo mandó a la lona. Una caída tonta en los últimos metros de una sesión de entrenamiento cualquiera y una de las temporadas más importantes de su vida se escurrió por el sumidero. Pero ya no mira hacia atrás. Con la rehabilitación todavía sin concluir, Javier Gómez Noya, el pentacampeón del mundo de triatlón, ha vuelto a empezar. Regresa a los entrenamientos, a su hábitat natural, a un universo de fatiga y dolor.  

«No le he dado demasiadas vueltas a la caída. No sirve de nada. Lo único que pienso es que en esta ocasión tuve mala suerte, pero en otros momentos la he tenido buena. Nadie gana cinco títulos mundiales sin tener una pizca de suerte. Con eso me quedo», comenta poco antes de echar la vista atrás, al 2010, y recordar cómo aquel año acabó conquistando el Mundial gracias a una combinación de resultados que parecía imposible.

La cicatriz de cinco centímetros

Después de romper a sudar, de salir a trotar 40 minutos a orillas del río Lérez, se sienta a charlar en la cafetería Don José. Es un pequeño templo del deporte gallego. Está a un paso del centro de tecnificación. Al otro lado de la calle. Y por sus mesas pasa el presente y futuro de quienes se dedican a exprimir el cuerpo para ser más rápidos, más fuertes, más resistentes que nadie. Javier se desprende de la sudadera e inconscientemente, al mismo tiempo que habla, se lleva la mano derecha al otro brazo, al que a la altura del codo ya luce una cicatriz de unos cinco centímetros. El mismo que pelea por recuperar sus hechuras, por abandonar esa figura esquelética que le produjo la inactividad. «Estoy haciendo ejercicios específicos en el gimnasio para recuperar la masa muscular. Cuando levanto pesas noto que me cuesta? me pongo a hacer bíceps y un peso que con el brazo derecho muevo sin problemas, con el izquierdo me parece un mundo? en general ha sido un proceso más complicado de lo que esperaba, pero lo importante es que todo va por buen camino».