La maduración azulgrana de Bicho

Su experiencia en el Barça le sirvió para crecer y actualmente ofrece su mejor versión en el Racing


Fernando Vázquez le dio la oportunidad de debutar en Segunda División con el Deportivo y meses después el Barcelona se llevaba de A Coruña a la que estaba considerada como la perla de Abegondo. Javier Fernández Abruñedo, Bicho, protagonizó en el verano del 2014 la salida más sonada del Deportivo. Una cesión de dos temporadas al club azulgrana con una opción de compra para la entidad presidida por Josep María Bartomeu. Un proyecto ilusionante para un jugador de solo 16 años que se iba a la Ciudad Condal para enrolarse en el filial y la posibilidad, tal y como sucedió, de entrenarse algunos días con el primer equipo. El sueño de cualquiera hecho realidad. Pero el cuento de hadas no fue tan mágico como esperaba. Una mala temporada del conjunto de Eusebio, alguna lesión y una bofetada de realidad para el sadense. 

Dos años después y tras haber pasado por el Leganés, Bicho vuelve a sonreír. Lo hizo hace unos meses jugando con el Compostela y ahora mucho más en el Racing. El irregular inicio de temporada del equipo ferrolano no está a la altura de su rendimiento. En la ciudad departamental ha encontrado ese trampolín en el que impulsarse. «A veces hay que dar un paso atrás, que tampoco es tal porque me estoy formando, para luego dar dos adelante. Ojalá que los demos ascendiendo con el Racing. Confío en este año y los próximos daré un paso adelante y subiré varios escalones», expresa con optimismo el mediapunta.

Ascenso vertiginoso

A Bicho, el éxito deportivo le llegó en plena adolescencia. Fue un ascenso vertiginoso. De casi jugar con los amigos a verse en un equipo profesional. Todo muy rápido y muy bonito. Pero igual de peligroso cuando el fútbol tuerce la cara. Él lo vivió.

«Hace tres años, cuando estaba en el primer equipo del Dépor o me fui al Barça B, todo era muy bonito. Todo el mundo me quería. Pero luego, en los momentos más difíciles, ves quién está contigo, quién cree en ti y quién te apoya», reflexiona.

Y ahí se encontró solo. Porque era joven. Porque por primera vez estaba fuera de casa. Y porque las cosas no eran tan de color rosa como parecían meses antes. Pero salió reforzado: «Era la primera vez que salía de casa y me costó adaptarme a vivir solo, me sentí a veces solo y es complicado, pero de esa situación aprendí. Y si dentro de unos años tengo que volver a irme o subir de categoría, ya estaré preparado y podré asentarme».

El fútbol tampoco le ayudó en esos momentos. «Al principio, con Eusebio muy bien, contaba mucho conmigo y todo empezó muy bien, pero el equipo comenzó a ir para abajo, nos metimos en puestos de descenso y cambiamos de entrenador. Justo en ese momento tuve una lesión y me costó volver a tener minutos. Esa segunda etapa fue un poco más difícil». Pero en los peores momentos, en esos en los que el wasap no recibe tantos mensajes, encontró al que hoy en día quiere como a un familiar. «Se trata de Jorge Martín Cordero. Lo conocía de que había sido segundo técnico en la selección gallega sub-18 y en esos momentos se encontraba trabajando en Barcelona. Me ayudó mucho. En esos momentos en los que te sientes solo, él estuvo junto a mí. Quedé algún día con él, era la persona con la que más me veía por las tardes y, como estaba allí solo, decidió ayudarme y hasta me planteó venir a vivir conmigo. Es una cosa que le tengo que agradecer mucho», confiesa mientras recuerda una experiencia complicada, pero que le ha ayudado a madurar, como futbolista y persona. Hay un antes y un después del Bicho que se vistió de azulgrana.

«Al día siguiente de que el Dépor se salvase en el Camp Nou, Luis Enrique me felicitó»

Barcelona no fue el paraíso que Bicho esperaba, pero le sirvió para madurar y para tener buenas experiencias. Entre ellas, los entrenamientos que pudo realizar a las órdenes de Luis Enrique, con la primera plantilla. Uno de ellos, horas después de que el Deportivo lograse salvar la categoría en la temporada 2014-2015 tras empatar a dos en el Camp Nou. Recibió la felicitación de su entrenador.

«Al día siguiente, me tocó entrenarme con ellos y Luis Enrique me dio la enhorabuena porque el Dépor se había quedado en Primera. La verdad es que estaba muy feliz porque soy deportivista desde niño», declara este admirador de Valerón, Djalminha y, actualmente, Çolak: «Es diferente al resto, hace cosas que no hacen los demás y ve el fútbol de una manera que lo ven muy pocos. Me gusta mucho y me gusta intentar parecerme a jugadores de esas características», sugiere.

Mientras ve jugar al turco, sigue creciendo en el Racing y sueña con volver algún día a un Dépor en el que Fernando Vázquez lo encumbró. «Si no fuera por él, ahora estaría en el Fabril, porque para poder fichar por el Barça o que me vieran otros clubes fue determinante haber debutado en Segunda. Así que le estoy eternamente agradecido porque es la persona que me dio la oportunidad de cumplir mi sueño de debutar con el primer equipo del Dépor», enfatiza el joven sadense al que todavía le quedan esta temporada y dos más como blanquiazul. Antes de acabar su contrato, aspira a tener sitio en el primer equipo.

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