La presión que atenaza a Garbiñe

Fernando Rey Tapias

DEPORTES

Alex Goodlett | AFP

Una rápida escalada, las distracciones y la falta de un entorno que la centre, detrás de los altibajos de Muguruza

26 sep 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

«Antes era la que podía ganar. Ahora soy la que debe ganar». La frase de Garbiñe Muguruza refleja el estado anímico de la hispanovenezolana, y aporta una posible explicación a su trayectoria irregular. Capaz la pasada temporada con 21 años de disputar la final de Wimbledon, y ganar este año Roland Garros, para caer posteriormente en las primeras rondas en Londres y Nueva York frente a rivales de poca entidad.

Condiciones

Más allá del repertorio de golpes, importa la cabeza. Es obvio que en un deporte individual como el tenis, sin duración limitada, el aspecto mental es importantísimo. La confianza y la determinación son complementos consustanciales a las cualidades físicas y técnicas que diferencian a las campeonas. Que Garbiñe tiene unas condiciones extraordinarias es innegable: dotada de un muy buen físico, su potencial de golpes y su agresividad le han llevado a finales de grand slams y victorias sobre casi todas las principales rivales. No llega a la élite por casualidad, pero sí de forma muy rápida, sin resultados previos como júnior, sin un bagaje que le acostumbrase a vivir en el centro de la atención de los medios, agencias y público.

Distracciones

Continuos compromisos fuera de las pistas. Pasar de golpe del anonimato a la élite es un impacto psicológico brutal. Si no tienes un entorno que te proteja y oriente, encaras de repente una situación totalmente diferente a lo que ha sido tu vida hasta entonces: multitud de entrevistas, anuncios, exhibiciones, presión de las agencias y marcas, pérdida de privacidad. La reacción a todo, si no se está preparada, es impredecible. Y con un problema añadido, que para mantener los éxitos puntuales hay que seguir entrenando al máximo. Y si no se logra controlar la nueva situación, el rendimiento se resiente, la confianza baja, las dudas aumentan, y la caída es la consecuencia inmediata.