La presión que atenaza a Garbiñe

Una rápida escalada, las distracciones y la falta de un entorno que la centre, detrás de los altibajos de Muguruza


«Antes era la que podía ganar. Ahora soy la que debe ganar». La frase de Garbiñe Muguruza refleja el estado anímico de la hispanovenezolana, y aporta una posible explicación a su trayectoria irregular. Capaz la pasada temporada con 21 años de disputar la final de Wimbledon, y ganar este año Roland Garros, para caer posteriormente en las primeras rondas en Londres y Nueva York frente a rivales de poca entidad.

Condiciones

Más allá del repertorio de golpes, importa la cabeza. Es obvio que en un deporte individual como el tenis, sin duración limitada, el aspecto mental es importantísimo. La confianza y la determinación son complementos consustanciales a las cualidades físicas y técnicas que diferencian a las campeonas. Que Garbiñe tiene unas condiciones extraordinarias es innegable: dotada de un muy buen físico, su potencial de golpes y su agresividad le han llevado a finales de grand slams y victorias sobre casi todas las principales rivales. No llega a la élite por casualidad, pero sí de forma muy rápida, sin resultados previos como júnior, sin un bagaje que le acostumbrase a vivir en el centro de la atención de los medios, agencias y público.

Distracciones

Continuos compromisos fuera de las pistas. Pasar de golpe del anonimato a la élite es un impacto psicológico brutal. Si no tienes un entorno que te proteja y oriente, encaras de repente una situación totalmente diferente a lo que ha sido tu vida hasta entonces: multitud de entrevistas, anuncios, exhibiciones, presión de las agencias y marcas, pérdida de privacidad. La reacción a todo, si no se está preparada, es impredecible. Y con un problema añadido, que para mantener los éxitos puntuales hay que seguir entrenando al máximo. Y si no se logra controlar la nueva situación, el rendimiento se resiente, la confianza baja, las dudas aumentan, y la caída es la consecuencia inmediata.

Precedentes

Los ejemplos negativos de Bouchard y Wozniacki y los modelos de Graf y Sharapova. El propio tenis femenino cuenta con muchos procedentes de jugadoras de excelentes condiciones con éxitos precoces. Como Anna Kournikova, a la que la presión comercial y publicitaria la alejaron del circuito. O Dinara Safina, fugaz número uno e incapaz de aguantar la presión. La proliferación de dobles faltas fue «disculpada» por una lesión de espalda con la que justificó una temprana retirada. O casos como Ivanovic, Wozniacki o Bouchard.

A la serbia se le vaticinaba una extraordinaria carrera cuando ganó Roland Garros en 2008 y con 21 años alcanzaba el número uno, pero las distracciones publicitarias fueron mermando sus expectativas. Más recientes son los casos de Bouchard y Wozniacki. La canadiense consiguió alcanzar en el 2014, con 20 años, las semifinales de Australia y París, disputando la final de Wimbledon y llegando al número 5. Tras la final de Londres, el no adaptarse al nuevo estatus le supuso perder 20 de los 29 siguientes partidos. Ahora es la 48 del ránking.

El caso de Wozniacki es también ilustrativo. La danesa jugó a los 19 años una final del US Open contra Clijsters, y lideró el ránking con 20. Con una imagen muy del gusto de las agencias publicitarias, ha sido una de las deportistas que más ingresos ha obtenido por anuncios, pero su prometedora carrera ha quedado relegada.

Ejemplos que debe tener en cuenta Garbiñe para no cometer los mismos errores. Jugadoras como Graf, Seles, Davenport, Williams o Sharapova son los modelos a seguir para seguir mejorando y aprovechar sus cualidades. Jugadoras de ataque, agresivas como ella, pero dotadas de una gran determinación, competidoras de fuerte mentalidad, muy difíciles de batir por sus rivales.

Soluciones

Fuerza para cambiar partidos. Hoy la autoconfianza de Muguruza parece escasa. Ante rivales muy inferiores, se agarrota por su miedo a fallar, y ante otras inspiradas, como Mónica Puig en Río, se deja ir, sin probar cambios tácticos para reaccionar.

Garbiñe necesita endurecerse, no solo deslumbrar con sus golpes, sino ser una jugadora difícil de batir en cualquier circunstancia, más regular, que genere respeto en las demás, algo que no sucede pese a su palmarés.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
8 votos
Comentarios

La presión que atenaza a Garbiñe