Sospechas de dopaje tras la ola de récords paralímpicos

El Comité Internacional admite deficiencias en su sistema de controles, después del positivo de un lanzador de peso


Dpa / Río de Janeiro

La ola de récords mundiales registrados en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro generó suspicacias en torno a posibles carencias en los controles antidopaje a los deportistas. De hecho, el Comité Paralímpico Internacional (CPI) habló abiertamente de deficiencias en su sistema de detección de irregularidades.

En los primeros cuatro días de los Paralímpicos se rompieron 117 marcas mundiales. El temor de los dirigentes radica en que los nuevos récords no se deban todos a mejoras en la calidad de las prótesis, en el caso de los atletas que las utilizan, o de las mejores condiciones para entrenar.

Una de las grandes sorpresas del domingo se dio en la carrera de los 1.500 metros de atletismo en la categoría T13, donde los cuatro primeros puestos marcaron mejores tiempos que los de la final de los Juegos Olímpicos convencionales celebrados hace un mes, si bien caben muchos matices al comparar ambas pruebas.

Los deportistas paralímpicos no habrían tenido siquiera la mínima para disputar los Juegos Olímpicos del mes pasado en Río de Janeiro. Pero en la comparación de tiempos los superan por la extremadamente táctica y lenta final del 1.500 que ganó el estadounidense Matthew Centrowitz con 3:50,00 el pasado 20 de agosto.

Abdellatif Baka se proclamó esta semana campeón paralímpico con un récord mundial de 3:48,29, por delante del etíope Tamiru Demisse, con 3:48,49 minutos. Tercero fue Henry Kirwa, de Kenia, con 3:49,59. 

Sistemas de control laxos

En la categoría T13 compiten atletas con fuertes problemas de visión, aunque no son ciegos. Los deportistas, por ejemplo, corren sin un acompañante como el que necesitan otros atletas paralímpicos ciegos. El CPI, sin embargo, no planteó ninguna suspicacia respecto a este caso puntual y solo se refirió a dificultades generales en el sistema de control.

No obstante, las alarmas volvieron a sonar con el caso del lanzador de peso saudí Mashal Alkhazai, que fue suspendido ocho años por haber dado positivo por segunda vez en su carrera.

Según informó el CPI, Alkhazai dio positivo del esteroide metenolona en un control de orina realizado durante un entrenamiento antes de los Juegos. El atleta, de 36 años, debía competir también en la categoría de más de 107 kilos.

En los días previos a los Juegos Paralímpicos también fueron excluidos por dopaje el ciclista australiano Michael Gallagher, doble campeón, el lanzador de disco brasileño Luciano Dos Santos Pereira y el pesista turco Izzettin Kanat. Además, todo el equipo ruso fue excluido de la cita por sus escándalos de dopaje en un fallo que ratificó la Corte Arbitral del Deporte (CAS). 

Tres veces menos pruebas

Pese a los casos detectados, la cantidad de controles es escasa en comparación con los Juegos Olímpicos. Esto se debe a los pocos recursos de los que dispone el CPI en comparación con las estructuras del deporte olímpico tradicional.

Durante los Juegos de atletas con discapacidades físicas se realizarán solo 1.500 pruebas antidopaje entre más de 4.300 atletas. En los Paralímpicos, además, no hay exámenes obligatorios para todos los medallistas.

Para los atletas es también más fácil evitar los controles del CPI por la menor cantidad de competiciones internacionales que afrontan en comparación con los atletas convencionales.

En China, por ejemplo, todos los atletas son controlados por el sistema nacional antidopaje, explicó el portavoz del CPI Craig Spence. «Pero no está en nuestras manos decir quién es controlado», señaló.

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