Atracos, agua verde, gradas vacías y otras grandes polémicas de los Juegos Olímpicos

Atrás quedan dos semanas de sobredosis deportiva en las que medio mundo se pegó a los televisores para vibrar con partidos de bádminton o combates de taekuondo


La Voz

Los Juegos Olímpicos de Río 2016 han puesto su broche final con una ceremonia de clausura en la que el alcalde de la ciudad brasileña le ha entregado el testigo a su homólogo de Tokyo, encargada de acoger la cita deportiva en el año 2020. Atrás quedan dos semanas con sobredosis deportiva en las que medio mundo se pegó a los televisores para vibrar con partidos de bádminton, combates de taekuondo o regatas de embarcaciones impulsadas por remos, palas o la fuerza del viento en las velas. La cita llegaba con cierto temor por parte de los organizadores: la sombra del virus del zika, la amenaza del terrorismo y el país anfitrión sumido en una importante crisis política, con sus mandatarios apartados del cargo por corrupción, tres factores que se sumaban a los problemas intrínsecos de Río.

Todavía a la espera de noticias sobre algún posible contagio del virus, lo que está claro es que durante la celebración no se han registrado atentados terroristas; y que Gobierno y oposición brasileños, haciendo honor a los orígenes de los Juegos, aceptaron enterrar las armas durante quince días, tal y como solían hacer las polis griegas, eternamente enfrentadas, pero que abrazaban una breve tregua para que sus deportistas pudieran acudir sanos y salvos a Olimpia para defender el honor de sus ciudades-estado. 

A nivel deportivo se han registrado grandísimas marcas. Especialmente en la piscina y en el estadio de atletismo. Grandes leyendas como Usain Bolt, Mo Farah, Michael Phelps o Katie Ledecky han aprovechado la cita para ampliar su legado. Sin embargo, Río 2016 también será recordado por varias polémicas que se han mantenido desde antes del inicio de las competiciones hasta el mismo día que se apagó la llama, en una jornada lluviosa y con el estadio con más calvas que gente.

Poca asistencia 

Las gradas desangeladas ha sido una de las grandes decepciones de los Juegos. Los elevados precios de las entradas en comparación con los salarios locales o las largas colas que se formaban a la entrada debido a los exhaustivos controles de seguridad han servido de excusa barata para el COI. Sin embargo, incluso en los eventos gratuitos, la afluencia de público ha sido penosa. En la maratón, la prueba más romántica del evento, que conmemora la carrera del soldado ateniense Filípides para informar de la victoria sobre los persas, las gradas del sambódromo no tenían nada que ver con la foto de los carnavales, cuando lucen repletas hasta la bandera. Es posible que la explicación a este pinchazo, además de en el precio de los tickets, también resida en el poco interés por el deporte de los brasileños más allá del fútbol. 

Sambódromo vacío.
Sambódromo vacío.

Robos y atracos en Río 

Un vídeo que ha circulado con fuerza por las redes sociales recoge 27 robos grabados en la sede olímpica a plena luz del día. Las imágenes son espeluznantes. En bicicleta, en moto, descalzos, sin camisetas, perpetrados por niños, por adultos... Algunos aprovechan el descuido de los turistas, pero otros pegan violentos tirones a pesar de que saben que la víctima está alerta. Estos 27 han sido recogidos por cámaras de seguridad. El número de casos que no han podido ser documentados todavía se desconoce.

El atraco que no fue

En Río hubo un gran número de atracos, pero el más famoso de todos resultó el que nunca fue. Uno de los grandes enredos de los Juegos Olímpicos. El nadador estadounidense Ryan Lochte y tres de sus compañeros se inventaron un asalto a punta de pistola tras destrozar una gasolinera como colofón a una noche de fiesta por Río de Janeiro. A las pocas horas tuvieron que salir a pedir disculpas. 

La piscina-jardín

El propio Ryan Lochte fue también protagonista de los Juegos unos días antes. Aunque en este caso secundario. El nadador estrenó look poco antes de viajar a la capital brasileña y tiñó su pelo de rubio platino, pero tras su paso por el agua verde de la piscina su cabello cambió de tono. El motivo: el cambio en el agua de la piscina de salto a causa de una bacteria. Un fallo técnico explica el color verde del agua en la piscina de saltos. Un error en el sistema de circulación y una alteración química fueron las causas del tono verdoso. «Esperamos que vuelva a ser azul pronto», dijo el portavoz del comité organizador portavoz Mario Andrada. Acabó cerrada por malos olores.

Las aguas contaminadas de Guanabara 

Las aguas de la bahía de Guanabara, en donde se disputaron las pruebas de vela, tampoco lucieron precisamente cristalinas. Una imagen de Ricardo Moraes de dos operarios subidos a un bote rodeados de basura flotante (a imaginar la que habrá en el fondo del mar) y tratando de enganchar un colchón con dos aparejos dio la vuelta al mundo. «Espero no tener que decir que perdí una medalla al enganchar una bolsa o un sofá», advertía la regatista gallega Támara Echegoyen unos días antes del inicio de la prueba.

Las lágrimas de Lavillenie 

El ganador de la plata en salto de pértiga no pudo contener su amargura tras ser pitado reiteradamente por el público durante la competición y en la entrega de medallas. El plusmarquista francés Lavillenie luchaba contra un atleta local por el campeonato olímpico. La grada del estadio lo abucheó durante cada uno de sus saltos y también durante la ceremonia de entrega de medallas, algo que respalda la tesis de un país demasiado acostumbrado al fútbol. Lavilleine acabó pidiendo disculpas por comparar el calvario que vivió con lo sucedido con lo acontecido con el atleta negro Jesse Owens en Berlín 1936, con Hitler en el palco.

Las quejas de Nadal 

Rafa Nadal logró el oro olímpico de tenis en la modalidad de dobles masculino junto a Marc López. Pero el tenista balear se marchó de Río con un sabor agridulce. Se quedó a las puertas de la medalla al perder ante Nishikori. El tenista japonés se saltó las normas del tenis y se ausentó de la pista durante diez minutos con la intención de cortar el ritmo de su oponente. Además, debido a una mala planificación, Nadal tuvo que renunciar a jugar el mixto con Garbiñe Muguruza cuando se acercaba a la lucha por las medallas, ya que el calendario le deparaba jornadas de hasta tres partidos, algo totalmente desaconsejable para cuaalquier deportista, especialmente con problemas de lesiones.

La noche de pasión que terminó en escándalo 

La saltadora Ingrid de Oliveira enfureció a su pareja de competición tras pasar la noche anterior a su debut con el remero Pedro Gonçalves. Giovanna tuvo que trasladarse a otra habitación de la Villa Olímpica para poder descansar. La pareja de saltadoras brasileña acabó última. 

El espíritu olímpico de Cavendish 

El ciclista británico Cavendish protagonizó una de las acciones más feas de todos los Juegos. En el velódromo, cuando se disputaba la última prueba del Omnium, una modalidad de pista que combina seis modalidades, tiró a uno de sus competidores en una maniobra antideportiva. Sanghoon y Viviani acabaron por los suelos. La carrera tuvo que ser parada y el corredor coreano evacuado por los servicios médicos. El velocista de la Isla de Man, protagonista de otras muchas polémicas dentro del pelotón (en alguna carrera llegó a ser expulsado por su comportamiento) acabó logrando una plata manchada.

Todo lo contrario a Cavendish 

Las atletas Nikki Hamblin y Abbey D'Agostino protagonizaron la imagen más pura del deporte olímpico. La neozelandesa y la estadounidense dieron un ejemplo de deportividad tras un accidente en las series de 5.000 metros. Hamblin se desequilibró y provocó el tropezón de D'Agostino, que corría a su espalda. Ambas acabaron en el suelo, pero acabaron siendo una de las imágenes positivas de los Juegos, hasta el punto, que los jueces decidieron otorgarles una plaza en la final debido a su espíritu olímpico, algo que también recibió críticas.

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