Mo Farah, el fondista invencible

El británico gana el 5.000 y firma el primer doblete consecutivo en 40 años


Redacción

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que Mo Farah sufría para entrar en las finales y atletas como Jesús España eran capaces de derrotarle en la distancia más larga de la pista. No hace tanto, en Pekín 200. Pero todo eso cambió con un minucioso plan de entrenamiento bajo la batuta de Alberto Salazar. El inglés de origen somalí acumula ahora un lustro perfecto. Se ha vuelto invencible, domina todos los tiempos y momentos y ha hecho de su espectacular final una máquina de destrucción para toda la corte africana, incapaz de arañarle un solo triunfo desde el año 2011.

Por eso Mohamed, con notoriedad suficiente en la metrópoli para tener su propia historia en el Museo Madame Tussauds, acaba de hacer posible que la historia se repitiese 40 años después. Lasse Viren se fue al suelo y luego ganó dos oros olímpicos en dos citas consecutivas, en el 5.000 y en el 10.000. Fue en Múnich 72 y Montreal 76. Mo Farah, el amigo de Bolt y la segunda celebridad del atletismo actual, hizo lo mismo entre Londres y Río, también con caída incluida en la prueba de la distancia larga.

La última vuelta

Farah, que huyó de la guerra en su Somalia natal y que llegó a Inglaterra con ocho años, se ha convertido en una trituradora en la última vuelta en las dos pruebas de mayor distancia de la pista. En esta ocasión ganó un 5.000 que tuvo un punto de complicación por los continuos ataques de sus rivales, con una vuelta final de 52 segundos, imposible de seguir para todos sus rivales.

Aunque su triunfo resultó incontestable, el camino hacia el doblete en el 5.000 no fue nada fácil para el británico. Los eritreos Dejen Gebremeskel y Hagos Gebrhiwet marcaron el paso durante los tres primeros kilómetros, obligando al rey del fondo a abandonar de un modo paulatino su refugio habitual del último lugar, en donde suele pasar media carrera hasta que decide dar un paso adelante para después protagonizar el hachazo definitivo.

En esta ocasión necesitó maniobrar un poco antes, asumiendo el liderazgo de carrera desde el 4.000, pero no fue hasta la vuelta final, como de costumbre, cuando sacó a pasear su ritmo endiablado para certificar el doblete soñado. De poco valió el trabajo colectivo, casi en equipo, de toda la tropa contra el campeón. Da igual que eritreos, etíopes o kenianos (ausentes en esta ocasión, lo que casi provoca una crisis de estado en su país), establezcan una alianza para desgastarle antes de la temible última vuelta. Siempre resiste.

A sus 33 años, Mo Farah parece inaccesible para sus rivales. El secreto principal para hacer del triunfo un coto privado está en las series de velocidad, de 80 y 100 metros, una rutina que combina con rodajes de 180 kilómetros semanales a un ritmo de 3m 40s el kilómetro. «Estoy llevando mi cuerpo hasta el infierno», llegó a comentar en alguna ocasión.

Para sobreponerse, al final de cada entrenamiento somete sus piernas a un sistema de frío (sesión criogénica), para recuperarse del entreno. Si a eso se le añade una alimentación muy estricta y que sus apariciones en mítines son mínimas (apenas se deja ver por la Diamond, por ejemplo) puede encontrarse la explicación a su fenomenal lustro.

A estas alturas son muchos los que se preguntan cómo se puede derrotar al ciudadano británico que entrena en Oregón, pero quizás la explicación más lógica corresponda a un veterano entrenador italiano, Renato Canova: «Esperar a que se hiciera mayor y envejeciera».

Y a diferencia de su amigo Usain, Farah se ve con cuerda para rato. Ahora que vive su época de esplendor no considera que sea el momento de dejarlo, aunque cuando Tokio encienda el pebetero tendrá 37 años.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Mo Farah, el fondista invencible