Bolt y las emociones


El atletismo sería hoy un mundo mucho más pequeño sin Usain Bolt. No solo por sus zancadas de gigante sobre la pista. El espectáculo que acompaña cada una de sus apariciones envuelve sus eventos en un jolgorio contagioso. Para montar su número antes de cada prueba, ayuda su superioridad, claro. Saberse con capacidad para transmitir tanta simpatía antes de ganar. Y ganar y volver a ganar. Casi siempre. Al mismo tiempo, el atleta jamaicano combate el encorsetado ambiente de rutinas y tics que rodea a muchos gigantes del deporte. Hasta el instante justo de empezar cada prueba, Bolt se permite regalar monadas a las cámaras y el público. Puro espectáculo televisivo. Y en cuanto cruza la meta, si no antes, recupera su repertorio de guiños. Por eso enloquece el estadio Engenhao de Río, con el griterío que le acompaña en el resto del mundo. Porque es un tipo que lo gana todo y al mismo tiempo transmite felicidad sin perdonarle a nadie la vida, atendiendo largos compromisos con la prensa, dejándose querer. Mostrándose como un privilegiado que entiende como contribuir al show.

Son esos gestos espontáneos los que ponen los pelos de punta en los Juegos Olímpicos. La rabia de Nadal al ganar un punto y cerrar su puño una y otra vez. La alegría de Maialen Chorraut al despedirse de su hija, que también estuvo aquí en Brasil, antes de afrontar la final que le llevó al título. Los ojos inyectados en sangre de Carolina Marín. La carrera de Javier Hernanz recién aterrizado en Río para disfrutar del éxito de su novia, Mireia Belmonte. El rostro de felicidad de Cristian Toro al elegir la Casa de España para compartir su oro con todo cuanto le pida una foto, en lugar de encerrarse en un castillo. Y la inocente alegría de Marcus Walz, que al día siguiente de ganar el título olímpico subió al Cristo del Corcovado con su medalla de oro en el bolsillo. Tan feliz estaba con su metal, que el piragüista mallorquín se lo llevó de excursión por Río, para hacerse fotos con él. Hasta que allá arriba el tema se empezó a complicar en uno de los lugares más atestados de turista y curiosos de la ciudad carioca. Prefirió salir rápido para proteger su tesoro. La medalla de oro.

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