redacción / la voz

Galicia es agua; por río, mar o aire. Y no hay mejor prueba de ello que otros Juegos Olímpicos con sello acuñado en esta esquina de la península convertida desde el 2004 en orgullosa importadora de metal. Entonces abrió camino ese fenómeno de Aldán capaz de poner Atenas patas arriba subido a una piragua. De dar paladas sin freno durante mil metros hasta derrotar al tirano alemán Andreas Dittmer para colgarse el oro, y completar después la gesta en los 500 desde el segundo peldaño del cajón.

A su rebufo han ido irrumpiendo un buen puñado de deportistas paridos o criados en la comunidad para cumplir con los Juegos en cada rincón del planeta. Unos en China, otros en Inglaterra y, desde ayer, uno más en Brasil. Cristian Toro ha sido el último en encaramarse al Olimpo gallego, ascendiendo además por la vía dorada que antes pisaron Perucho, Antón Paz y Fernando Echavarri, y Sofía Toro junto a Támara Echegoyen.

El cangués Carlos Pérez asombró en Pekín a bordo de su kayak, en el que cubrió antes que nadie el medio kilómetro que separaba salida y meta. En la gran urbe asiática se exhibió también el catamarán tripulado por Echavarri y Paz. Juntos confirmaron las enormes expectativas despertadas en una clase, la Tornado, en la que ya se habían proclamado campeones del mundo en un par de ocasiones. No faltó a la cita el propio Cal, que se volvió a casa con otras dos preseas; en esa ocasión, de la misma plata que se colgaría cuatro años más tarde, redondeando su cuenta personal.

La competición se había mudado a Londres, en donde los gallegos abrocharon cuatro medallas más. Tres de ellas por agua, como de costumbre, y solo una sobre el parqué. Begoña Fernández sumó un bronce enrolada entre las guerreras del balonmano español. La gesta de mayor envergadura corrió aquella vez a cargo de las regatistas Sofía Toro y Támara Echegoyen, oro en la modalidad Match Race junto a la asturiana Ángela Pumariega. Al segundo puesto de Cal se sumó el de uno de los mejores atletas de todos los tiempos: Javier Gómez Noya, sensacional en cada parte del triatlón; incluida la que transcurrió a nado por la laguna de Hyde Park.

En mojado, una vez más. Como ayer en ese Río de Janeiro huérfano del ferrolano. Medalla segura esfumada a solo unos días de los Juegos por culpa de la más inoportuna lesión. Tampoco la consiguió Echegoyen, víctima de una pájara en el momento crucial. Pero donde no llegó esta vez la vela lo hizo el remo de Cristian Toro, asociado al de Craviotto para que Galicia mantenga la tradición que cada cuatro años obliga a importar metal.

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Galicia vuelve a bañarse en oro