El dolor oculto de Echegoyen

La gallega sufrió una pequeña fractura en el meñique del pie en marzo


RÍO DE JANEIRO / ENVIADO ESPECIAL

Bajo la seriedad de Támara Echegoyen después de no conseguir la medalla que ansiaba en la bahía de Guanabara, palpita más dolor que el de la simple decepción por la derrota. Al sufrimiento de los entrenamientos en un barco en el que aprendió golpe a golpe, literalmente, añadió un contratiempo a finales de marzo que le obligó a tomar una decisión clave para la preparación olímpica. Porque desde el trofeo Princesa Sofía de Palma de Mallorca compite con un una «fractura muy pequeña en el meñique», en el quinto metatarsiano del pie, en la inserción del tendón flexor. Y no podía permitirse pasar por el quirófano y romper su esprint de preparación hacia los Juegos junto a su tripulante Berta Betanzos.

«Cada vez que flexo el dedo vuelvo a abrir la rotura. Una rotura abierta que no se cerró en su momento y ahora ya no lo va a hacer. La fractura me la descubrieron ya muy tarde. Entonces, vimos el calendario, la operación requería de más tiempo fuera del agua del que yo consideraba oportuno. Me dijeron ¿dolor o fuera del agua? y decidí dolor. Al final eso pasa, me hicieron una prueba, no me vieron esa fractura y sí que me recuperé de otra en todos los tendones. Pero la del meñique me la localizaron más tarde y cuando me lo dijeron entendí que ya no había tiempo para parar», explicaba la regatista pontevedresa poco antes de partir hacia Río.

Pero Echegoyen prefirió no comentar en público su lesión, «quitándole importancia para no tener que pensar en ello». Aunque las molestias estuvieron presentes. «Al final se trata de soportar el dolor. Y ya estuve lesionada también en los Juegos de Londres y pasé muchísimo dolor».

Durante varias semanas, Echegoyen regateó medicada para no sentir tantas molestias en el dedo. «Navegué bastante tiempo totalmente anestesiada y luego me lo quitaron». La aplicación de vendajes se convirtió en una rutina más de su día a día de preparación. «Adaptaron todo mi entrenamiento. Antes yo corría muchísimo y tuve que dejar de hacerlo. Lo cambié por la bicicleta, una de carretera para salir por Santander y una de montaña en casa», explicaba antes de partir hacia Río. Su preparador físico personal, Magín Méndez, cobró un papel clave para solventar el contratiempo de la fractura.

«Aunque lloremos, las sonrisas volverán», confiesa la gallega, felicitada por las tres medallistas

El cuarto puesto ya estaba garantizado, así que ayer fue un día de dolor para Támara Echegoyen. «Es un momento duro y hay que sacar todo fuera. Seguramente en un par de horas, aunque lloremos, las sonrisas volverán. Porque aunque lloremos estamos sonriendo», comentó al llegar a la playa de Flamengo.

En una clase en la que las regatistas mantienen una relación muy cordial, la deportista pontevedresa se quedó con un detalle de las tres medallistas. «Es increíble que aún quedando cuartas nuestras rivales se acercaron a darnos la enhorabuena y decirnos que somos excepcionales. Al final, solo pueden estar tres encima del podio, pero hay muchas regatistas que por un motivo o por otro podrían estar. Unas veces se está arriba y otras veces se está cerquita. Y la [medalla] de chocolate seguro que está bien, porque después de tanto tiempo sin comer chocolate nos va a venir bien», bromeó con el nombre con que se conoce al cuarto puesto.

«Salimos un poco retrasadas, ese fue el error. En cada metro intentábamos remontar. Pero a veces las regatas no salen», comentaba todavía con la impotencia de verse desposeída de una medalla que casi le pertenecía. Por eso estaba afectada.

Antes, junto a una bandera española clavada en la arena, con la gorra blanca y el número 23 escrito a rotulador, dos de los amuletos de Támara en las grandes regatas, su hermano Adrián miró durante 21 minutos y medio hacia el mar en busca de unas buenas noticias que nunca llegaron. «Estoy orgulloso de ella y estoy deseando darle un abrazo», explicaba tras viajar desde Perú para arropar a su hermana.

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