Menos negocio, y más gradas llenas


Media mañana en Deodoro, la selección brasileña femenina de rugbi a siete, una modalidad trepidante que debuta en los Juegos, celebra su victoria en un estadio medio vacío. Tocan eliminatorias de tiro con arco en el Sambódromo y el local Daniel Rezende afronta un cara o cruz en un evento intenso en el cara a cara de la puntuación de cada flecha, pero apenas le animan unas docenas de personas. Y hasta da pena ver como recibe el estadio Joao Avelange, el Engenhao, al atletismo, el rey de los deportes. De la anécdota de las gradas vacías en eventos secundarios, los Juegos se ha ido pasando a la preocupación. Según los datos oficiales, se vendieron el 84% de las entradas. Aunque los grandes patrocinadores del show distribuyen sus tickets sin la garantía de que terminarán en alguien interesado. Según la Folha de Sao Paulo, solo el primer día de los Juegos hubo 40.000 asientos vacíos en gran medida por las interminables colas con gente fuera, atascada ante la falta de medios y personal para establecer los controles de seguridad. El clásico recurso de regalar entradas tampoco funciona. En determinadas sesiones y eventos de otros Juegos también se vio demasiado cemento. En Londres se vendió casi todo el papel, pero algunas gradas caras se llenaron con soldados y voluntarios carretados pro la organización. Aunque en Río el tema es más grave.

Lo reconoce como decepcionante hasta el COI. El australiano John Coates, uno de sus vicepresidentes, lamenta que se distribuyan entradas entre segmentos desfavorecidos si luego no van a los estadios.

Pero el COI tiene la solución en su mano. Grandes paquetes de entradas se distribuyen a través de los comités nacionales. Y estos los ponen en manos de agencias de viajes que incluyen los boletos en sus paquetes de vacaciones. Al proceso, según explican los habituales rastreadores de entradas, grupos que intercambian localidades en red, le falta transparencia (y precios razonables). A estas alturas del partido, a nadie le llama la atención que también para esto el COI prime el negocio. Pero llega hasta un punto que la imagen de los estadios vacíos devalúa el espectáculo. Otro tema en el que el olimpismo necesita mirarse en el espejo.

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