Los cinco aros de Teresa Portela

La palista de Cangas relata sus vivencias olímpicas al igualar un hito

a. Bruquetas
RÍO DE JANEIRO / redacción

Camina junto a la Lagoa Rodrigo de Freitas con la tranquilidad de quien sabe que ya ha tenido una carrera plena. A sus 34 años, Teresa Portela disfruta en Río sus quintos Juegos Olímpicos, un hito que solo alcanzaron en España cuatro mujeres, la tenista Arantxa Sánchez Vicario, la nadadora María Peláez, la atleta María Vasco y la tiradora Pilar Fernández. Después de entrenar, ayer decidía si cambiaba por un apartamento la Villa Olímpica, donde que pasó los tres últimos días y desde la que tiene un mínimo de dos horas de autobús para ir a entrenar. «Alguna vez tuve un trayecto de dos horas y llegué hasta mareada», lamenta antes de empezar a calentar. Al otro lado de la valla que protege la pista de entrenamiento la siguen sus padres. Por ahora, el agua no tiene apenas algas o suciedad. Y de momento, junto a su entrenador, Daniel Brage, se decanta por no utilizar la orza que se permite como excepción en Río para proteger el timón de los kayaks de la suciedad.

1. Sídney 2000

«No me esperaba ir a los Juegos y fui como una turista, a disfrutar». «Me llevé una alegría inmensa porque no contaba con ir a los Juegos. Era juvenil y no entraba en mi planificación. Estaba centrada en poder ganar el Master Nacional de mi categoría para disputar el Campeonato de Europa. Pero me presenté al Master sénior y gané la plaza. No me lo esperaba y fui a los Juegos como una turista, a disfrutar. Ya que estaba allí, competía, pero iba de visita, de paseo... Allí hice todo lo que ya no hice a partir de Atenas 2004. Fueron unos Juegos increíbles por la sensación de lo desconocido, la Villa, competir, el entorno olímpico...». Superó su eliminatoria de K1 500 con un séptimo puesto y repitió puesto en su semifinal.

2. Atenas 2004

«Regresé con dos diplomas con 22 años y para mí fue un éxito». «Fui en barcos de equipos. Veníamos de lograr el bronce en el Campeonato del Mundo e íbamos con opciones de medalla. Fuimos quintas en el K2 y el K4 500. Demuestra que teníamos opciones. Ya no hubo excursiones y estaba centrada en competir. Regresé con dos diplomas olímpicos con 22 años y para mí fue un éxito. Desde entonces, siempre he mirado al futuro con pasitos cortos, pensando en que seguiría en el piragüismo dependiendo de los resultados, que son los que te motivan y te hacen afrontar los entrenamientos y el día a día».

3. Pekín 2008

«Éramos conscientes de que podíamos ir a por medalla y volvimos a ser quintas». «Veníamos de ser terceras en el Campeonato del Mundo. Éramos conscientes de que podíamos ir a por una medalla y volvimos a ser quintas en el K4 500. Todas éramos ambiciosas en Pekín, pero me quedé contenta. En el K1 500 no entré en la final, pero lo veía como una prueba a mayores, que remé casi sin preparar». Fue segunda en su eliminatoria de K1 500 y sexta en la semifinal.

4. Londres 2012

«Nunca me había sentido tan bien y me dolió porque fallé en la salida». «El K1 200, la prueba en la que más disfruto y siento que doy lo mejor de mí, por fin era olímpica. Me encontraba muy fuerte muscularmente, muy rápida y preparada. Nunca me había sentido tan bien en todos los sentidos. Yo inconscientemente entreno y compito para ser la mejor. No te preparas para ser octava. Doy lo mejor de mí para mejorar mis marcas. En ese sentido, fue mi mejor competición. Me dolió porque fallé en la salida. Si ahora vuelvo a remar, hago todo perfecto y quedo cuarta, como allí, pues valgo para ser cuarta. Pero cuando fallas y ves que pudiste tener medalla... Esa es mi decepción. No soy lo que valía por como me encontraba. Si quedo décima porque son mejores, lo acepto. Al acabar de competir pensé que quizá no se me volvería a dar esa oportunidad. Primero, porque tenía que aguantar la preparación de todo un ciclo olímpico, luego porque debía clasificarme y después por encontrarme así al llegar los Juegos». 

5. Río 2016

«Me sorprende como reaparecí después de la maternidad». «No sentía que había tocado techo, y quería aprovechar y seguir entrenando. Así que después de dar a luz no tomé una decisión drástica sobre lo que haría. No quería que en el futuro me arrepintiese de haberlo dejado, porque el deporte de élite ya no vuelve en el futuro. Cada año me implico a fondo, pero al quedarme embarazada y tener la niña, ya no es como antes, cuando solo entrenaba y descansaba. Mi vida cambió. Tener a Naira fue lo mejor, pero en mi día a día se suman responsabilidades y me quita tiempo. Aunque me sorprende como reaparecí después de la maternidad. No sé si los Juegos de Río serán el punto final. Todo depende del resultado. Si los consigo, seguiré. Continúo porque me gusta entrenar, pero no puedo pensar ahora mismo en ir a Tokio, en entrenar para agosto del 2020, sino que debo buscar metas a corto plazo».

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