Extraordinaria hasta la última brazada

Los cuatro largos de la española son un resumen perfecto de técnica, resistencia, fuerza y táctica


Perseverar es una cualidad obligatoria en todos los deportistas de élite, que, a veces, necesitan agarrarse a resultados parciales o ligeramente inferiores a los que se desean. Continuar una línea de trabajo bien orientada es vital para que quizá un deportista, que puede tener oportunidades de éxito, lo logre finalmente. Pero hace falta ser un elegido para contar con cierta seguridad de estar en la lucha por un oro olímpico.

Mireia lleva años buscando esta oportunidad y a buen seguro trabajando durísimo a pesar de que algunos resultados no le hayan acompañado. Ayer el trabajo tuvo su recompensa.

La disciplina diaria

Paciencia y regularidad. Esto se lleva a cabo cada día de entrenamiento, cada competición preparatoria, pero también cada día previo a la gran cita. Las facetas a desarrollar son muy variadas: ejecución técnica, fuerza, resistencia, planteamiento táctico, actitud psicológica y hay que ser paciente, disciplinado y regular para no dejarse ningún fleco por el camino. Así es el caso de Mireia que ahora estará encantada de canjear todo ese esfuerzo por el oro olímpico.

Una prueba delicada

La clave, regular el ritmo. El planteamiento de la prueba de 200 mariposa exige un ajuste fino entre las capacidades y las necesidades requeridas: Fuerza, resistencia, ritmo y habilidad. En este estilo los errores típicos iniciales a la hora de marcar ritmos algo elevados se pagan con creces en los últimos 20 metros debido a la alta demanda muscular en la ejecución técnica. Por lo tanto, es necesario conjugar un ritmo inicial suficiente para cubrir las demandas de velocidad y que al mismo tiempo pueda mantenerse o aumentarse en la segunda parte de la prueba.

La radiografía del 200 de Mireia nos lo muestra muy claro. Salida de mas de 12 metros aprovechando su excelente nado ondulatorio subacuático seguida de 21 brazadas ejecutadas a una frecuencia de 53 ciclos por minuto. Un segundo por detrás de la australiana Groves no debió preocupar demasiado a la española que sabía de su capacidad de progresión. Giro muy correcto tras la vigésimo primera brazada y otro punto fuerte para Mireia: su propulsión subacuática con patada ondulatoria que ejecuta excelentemente y en la que exhibe niveles de fuerza importantes.

Los efectos de la fatiga

Dos brazadas para equilibrar. A partir de este momento se inicia una fase de la prueba en la que es preciso ir compensando los efectos de la fatiga. Para ello emplea 23 brazadas que le conducen hacia los 100 metros con únicamente dos ciclos de pérdida en su frecuencia de movimientos. Además su fortaleza de tren superior le permite mantener estos parámetros incluso ejecutando una de las dos patadas de mariposa de forma poco propulsiva.

Progresión en el esfuerzo

Dispuesta a dejarse el resto. A la mitad de la prueba su parcial de 50 ya mejora el de sus rivales y le permite, tras un nuevo viraje muy correcto, empezar a situarse en posiciones de cabeza.

Durante el tercer largo Mireia logra mantener la misma frecuencia de movimientos que en el segundo (51 ciclos por minuto), lo que se consigue realizando un incremento en el esfuerzo y, con los mismos parámetros técnicos, se presenta en los 150 dispuesta a dejarse el resto.

Un ataque colosal

A 53 ciclos por minuto. La capacidad de la española para dar el último ataque queda patente al ejecutar un asombroso viraje con un nado subacuático excelente y potente que le permite afrontar la recta final elevando su frecuencia de movimientos a 53 ciclos por minuto. Además en este largo ejecuta con fuerza las dos patadas del estilo mariposa añadiendo propulsión extra. Sus rivales también progresan pero ella consigue mantener este ritmo prácticamente hasta el final consiguiendo un reparto bastante homogéneo de parciales.

El arreón final

Culminación de su exhibición. Y tal y como ocurriera en la final masculina todo se decidió con la última brazada en la que nuestra compatriota supo mantener la mínima ventaja que traía durante los últimos metros. Excelente trabajo de preparación y planteamiento táctico. Aún así no puedo reprimir la tentación de imaginar a Mireia Belmonte ejecutando durante toda la prueba la técnica que exhibió en los últimos 50 metros. Quizá para la próxima gran cita olímpica.

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