Ledecky: objetivo los ocho minutos

Aspira a ser la primera mujer en bajar de ese tiempo en los 800 metros estilo libre


redacción / La voz

Maravilló al mundo cuando con apenas 15 años realizó una proeza en los Juegos de Londres. Allí se enfrentó a su prueba fetiche, a la que la ha coronado como la reina del fondo y medio fondo, el 800 estilo libre y firmó el segundo mejor registro de toda la historia. Le valió para subirse al primer peldaño del podio. Después de aquello, Katie Ledecky (Bethesda, Maryland, EE. UU., 1997) empezó a marcarse hitos y los cumplió uno por uno hasta acumular nueve medallas de oro en sólo dos campeonatos del mundo: el de Barcelona 2013 y el de Kazán 2015.

En el de Rusia, incluso llegó a quedarse sin rivales. En el 800, su última final de la cinco que disputó -todas con triunfo-, rompió su propio récord del mundo (8.07,39 -en enero del 2016 volvió a rebajar la plusmarca (8.06,68)- y dejó a la neozelandesa Laura Boyle a diez segundos (8.17,65) y a la británica Jazmin Carlin a once (8.18,15). Para el mundo del cloro eso es mucho más que una eternidad. Es como nadar en un burbuja. Zambullirse al agua con el cronómetro como único enemigo y el calor del público como estímulo.

Ledecky, tras nadar ayer en el 4x100 estilo libre, debuta hoy en las pruebas individuales. Primero se enfrentará al 400 libre. Las eliminatorias comenzarán para ella a las 19.33 hora española y la final se celebrará de madrugada. Es la gran favorita en una distancia donde también posee el mejor registro del planeta, con 3.58,37. Todo lo que no sea ganar, sería una sorpresa. Una de sus principales oponentes será la española Mireia Belmonte.

Pero el verdadero desafío de la norteamericana en estos Juegos no tiene solo que ver con hacerse con los tres oros individuales a los que aspira (200, 400 y 800 libre), sino que ella persigue algo todavía más portentoso: ser la primera mujer en nadar el 800 por debajo de los ocho minutos. Necesita limarle casi siete segundos al reloj. Tocar la pared como un ciclón. Apretar el paso en cada 100 como jamás lo haya hecho. El hito sería de unas proporciones gigantescas. Pero es lo que le gusta, lo que enciende un motor superdotado para los esfuerzos sostenidos y milimétricamente estudiados. Hace cada parcial idéntico. Disecciona la prueba como un bisturí de precisión. Ledecky es técnica de nado, capacidades fisiológicas y también, una estrategia trazada con minuciosidad.

«La clave de ella es que jamás se rinde», comenta su hermano mayor Michael, el chico por el que Katie se quiso tirar por primera vez a una piscina. Sentía la necesidad de no despegarse de él. Entonces sus padres la apuntaron a natación y en sólo unos años se desató un fenómeno. Ahora Michael la acompaña a cada competición importante. Es como su amuleto, su talismán. Estaba en Kazán cuando completó un recital antológico: cinco oros. Incluido el del 200 libre, una prueba en la que sufre, porque no le da tiempo a ir descolgando a sus contrincantes con el ritmo extenuante que aplica a cada largo. Ahí le aguantan la chicas más corpulentas, las que tiene más explosividad, como la italiana Federica Pellegrini o su compatriota Missy Franklin incluso, que en ocasiones hacen valer el empuje de sus brazos más musculados. Río confía en ver un nuevo golpe de efecto de Ledecky. Sus oros se dan por descontados. Hoy tendrá que empezar a demostrarlo.

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