Mireia Belmonte, un ciclón con el oro en el alma

En Río se ha marcado un programa colosal. Nadie nadará más metros que ella en la piscina de Brasil


La Voz

Confiesa que por primera vez sintió miedo, que vio peligrar el sueño en el que vive y que tantas gotas de sudor le costó edificar. El año pasado sus hombros, la parte más sensible de un nadador, dijeron basta. Mireia Belmonte no podía ejecutar ni una brazada sin dolor. Era un contratiempo notable en un proceso de preparación para los Juegos que se extiende durante meses. Tuvo que parar. Y se perdió el Mundial de Kazan. Aún así, no perdió la calma. Mantuvo vigente la fórmula que la ha llevado a convertirse en la mejor nadadora española de todos los tiempos: confianza en las personas que la rodean y toneladas de sacrificio. En su regreso a la competición no quedó el rastro de la duda, había vuelto con la misma ambición y empuje que la convierten en una clara aspirante a tocar el cielo en Río de Janeiro.

Su 2016 casi ha sido una concentración permanente en altura. En Sierra Nevada, a las órdenes de Fred Vergnoux, ha ido abarrotando su organismo de glóbulos rojos, lo ha enfrentado a la adversidad constante de vivir con un aire enrarecido, sin el lubricante del oxígeno. Sabe que su meta es más compleja que nunca. Busca el oro olímpico y ésta, tal vez, sea su última oportunidad. El cuerpo ya emitió su primera señal de advertencia de que el tiempo empieza a jugar en su contra. En Río se ha marcado un programa colosal. Nadie nadará más metros que ella en la piscina de Brasil. Ni siquiera la húngara Katinka Hosszu, la mujer de hierro. Las dos están inscritas en seis pruebas -mérito que sólo iguala la sueca Sarah Sjöström-, pero la española acumula más incursiones en el medio fondo. Su repertorio, de infarto: 200 mariposa, 200 y 400 estilos, 400 y 800 metros libre y el relevo 4x200. Mireia incluso peleó por estar en aguas abiertas, pero finalmente la veterana Erika Villaecija le consiguió ganar la partida.

De todos modos, Vergnoux ya advirtió de que podrían modificar su concurso en Río. Dependiendo de las sensaciones con las que se tropiece la nadadora tras cada prueba. No sería una sorpresa si se recortase su presencia en los Juegos. Tantas brazadas pueden reducir sus posibilidades de subirse al podio. Ni su entrenador ni la catalana esconden que donde la ven con más opciones para lograr una medalla es en el 200 mariposa, probablemente su prueba fetiche.

Lejos quedan los años en los que Mireia Belmonte parecía que no terminaba de arrancar en piscina larga, cuando le tocaba enfrentarse a los 50 metros del vaso olímpico. Mientras en 25 metros destrozaba récords, le costaba lucir en el momento en que el desafío se incrementaba. Pero llegó Londres y despejó todas las incógnitas. Un año más tarde, en el Mundial de Barcelona, demostró una clase de campeona.

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