Garbiñe y el valor del entorno


Que Garbiñe Muguruza tiene unas condiciones excepcionales para destacar en el circuito profesional femenino de tenis no lo duda nadie. Incluso personajes que figuran ya en la historia de este deporte, como Chris Evert, opinaba recientemente que la veía como el relevo de Serena Willians en lo más alto del ránking mundial.

Sin embargo, la temprana eliminación en la segunda ronda de Wimbledon, ante una jugadora en el puesto 124 de la clasificación de la WTA, ha supuesto una lógica gran decepción para el público.

Tras su triunfo en Roland Garros, Muguruza fue eliminada ya en primera ronda en Mallorca, y después en la hierba londinense empezó sufriendo mucho en su debut para superar a la italiana Camila Giorgi, número 67 del ránking WTA, todavía antes de su sorprendente derrota ante Cepelova en la segunda eliminatoria.

Garbiñe aludía después a que no había llegado con la frescura necesaria a Londres, sentía que le faltaba energía. Su lamento hacía entrever una inadecuada planificación del corto espacio de tiempo que separa los dos grand slams que se celebran en Europa.

Y en ese aspecto es en el que conviene reflexionar sobre lo importante que supone saber gestionar el talento y las grandes condiciones de una campeona como Muguruza.

El técnico vasco Alejo Mancisidor la modeló y supo desarrollar sus extraordinarias condiciones, pero poco tiempo después de la final de Wimbledon del 2015, puso fin a cinco años de relación profesional, aduciendo en su carta de despedida que para él los valores de la humildad, el respeto y el esfuerzo eran lo primero.

Era fácil deducir que se había producido un cambio en la mentalidad de la jugadora hispanovenezolana tras su final en Londres ante Serena Williams.

El francés Sam Sumyk fue su siguiente entrenador. Y dieron la vuelta al mundo las contestaciones desairadas de la jugadora ante sus consejos en algunos partidos en los que se permite que los técnicos asesoren a las tenistas durante ciertos cambios de campo. Lo mostraron las cámaras de la televisión en directo.

El gran triunfo de Garbiñe en Roland Garros confirmó su gran potencial. Los antecedente antes reseñados, su reciente actuación en Wimbledon y sus declaraciones posteriores confirman a mi juicio su necesidad de contar con un entorno adecuado.

Cuando se gana un grand slam, la presión mediática y comercial es enorme. Resulta importantísimo tener a tu lado gente que te proteja de esa presión, y que consiga equilibrar el aumento de atención por parte de los medios y los compromisos publicitarios, con la posibilidad de seguir una planificación deportiva adecuada.

Y en ese entorno, ausente ya Mancisidor, es necesario que alguien le recuerde a Garbiñe la importancia de los valores; le prevenga de lo efímero de la fama, y le recuerde la cantidad de casos, no muy lejanos en el tiempo, de jugadoras con grandes capacidades que al llegar a la cima fueron engullidas por no saber asimilar el éxito y la fama. Ese es el desafío al que se enfrenta ahora. Porque condiciones técnicas y atléticas ya sabemos que le sobran con solo 22 años.

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